Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 23 de agosto de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Me sorprende que, prácticamente, todos los comentarios encuentran este posible escenario como positivo porque “nadie tendría los dos tercios que permite el control total de la Asamblea Legislativa”, y porque la pluralidad de las representaciones –que incluirían incluso a partidos minoritarios, llevaría a recuperar la práctica de los “acuerdos políticos para la gobernabilidad” dentro la Asamblea Parlamentaria.
Contrariamente a esa mirada optimista, creo que la esperanza de lograr algunos “votos de oro” es el incentivo perverso de la mayoría de los contendientespara persistir en sus candidaturas que, en las condiciones actuales, es un peligroso “juego con fuego” en medio de un polvorín.
Si efectivamente la votación en primera vuelta diera un tercio al MAS, otro a CC y dividiera el tercero entre el resto de las candidaturas sería suficiente para asegurar, al ala no democrática del MAS, un tercio en representación parlamentaria. Pero, en realidad, la “clase política” nos podría estar llevando a una pesadilla mucho peor.
Por la forma de asignación de los escaños, que sabemos favorecen a los más votados, existen grandes posibilidades que el MAS logre más de un tercio de la Asamblea, e incluso que gane la Presidencia. Veamos. La decisión de asistir a la votación es mucho mayor para los afines al MAS (93%) que para el resto de las candidaturas (65% en promedio), de manera que, en proporción de votos válidos en primera vuelta, el MAS puede sacar una nítida ventaja sobre CC. Además, esta ventaja aumenta porque la proporción relativa de votos válidos para el MAS respecto a todas las otras candidaturas crece. De hecho, las proyecciones de los datos de la encuesta de Página Siete, ajustados por la predisposición a asistir el día de la votación, le darían la victoria al MAS en primera vuelta.
En la realidad, los criminales bloqueos de agosto seguramente erosionarán su base de apoyo citadino, pero queda latente el peligro inminente de que quienes no creen en la democracia se hagan otra vez del poder por la incapacidad y mezquindad de políticos incapaces de actuar guiados por el bien democrático mayor.
Para ilustrar la relevancia de los detalles, en el escenario ajustado por la decisión de ir a votar, en la que el MAS ganaría en primera vuelta, si la votación proyectada del candidato con menor intensión y decisión de voto (1%) se volcara a CC, habría el balotaje que permitiría la victoria de Mesa en la segunda vuelta.
Pero el tema no termina ahí. El ausentismo pondría el voto para el MAS muy cerca al 40%, de manera que el gobierno que resulte de ganar en el balotaje no podría alcanzar los dos tercios ni congregando a todos los votos de oro, lata, plata o caca ¿Quién estaría en condiciones de sacar adelante un gobierno con los radicales del MAS trabando la Asamblea y al país? Nadie, cuando menos nadie que honestamente busque mejorar la realidad de las familias bolivianas, en lugar de sólo usufructuar del poder.
Ningún político tiene el derecho a someternos a otros cinco años de conflicto, incertidumbre y estancamiento –que en el siglo XXI significa retroceso, tan simple como eso.
Hoy, todas las opciones “políticas” tienen como escenario más probable gobiernos débiles con oposiciones mayoritarias (aunque no necesariamente fuertes): presagia componendas y pugnas por coyunturas, sin posibilidad de asumir reformas estructurales; nos condenan a seguir de observadores inertes de “ch’ampa guerras” entre políticos, que ocultan los reales problemas del país y frenan todo intento de desarrollo sostenible.
Es decir, nos farrearemos –por otros cinco años, la oportunidad de iniciar los cambios que permitan enfrentar, con algún grado de autonomía, las tareas elementales para el desarrollo humano productivo y sostenible. Persistiremos dentro el cómodo extractivismo –que les otorga a los políticos “el placer de controlar la billetera”, pero conlleva la maldición de perpetuar la pobreza y la exclusión… que el Covid-19 sólo ha vuelto a desnudar.
Más de lo mismo no es una opción para nosotros –los de a pie -, con respecto a nuestros hijos y nietos. Es hora de hacer la raya en la arena. Si no lo hacemos,la politiquería nos habrá vuelto,una vez más, al pasado.



