Medio: El Periódico
Fecha de la publicación: viernes 21 de agosto de 2020
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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La democracia es libertad ante la imposición, el abuso y el exceso, en un tiempo en que las restricciones marcaron el ritmo de un país que despertaba el día menos pensado con un gobierno impuesto diferente y más cruel que el anterior, que no aceptaba la crítica ni el cuestionamiento ante la falta de legalidad y legitimidad, que no tenía el menor reparo en callar las voces de protesta con el estruendo de un fusil o la furia de una metralla.
En Bolivia tuvimos de aquellos que ante esa realidad decidieron no callarse, no esconderse ni silenciar el grito popular, aquellos que no temieron caminar con «el testamento bajo el brazo» y que pagaron con la vida tal atrevimiento. Y es a todos ellos que les debemos gozar de estas libertades, es gracias a sus vidas ofrendadas que las nuestras y las de nuestros hijos miran el futuro con esperanza, porque a través del voto tenemos en nuestras manos ese destino, que podemos cambiar cuando queramos sin que quieran imponernos modelos o sistemas inconvenientes a los intereses populares.
También es cierto que quienes llegaron en democracia para dirigirnos, para gobernarnos, nos desilusionaron porque si bien no nos mataron en la calles a sangre fría, mataron el futuro de muchos bolivianos robando descaradamente lo que podía salvarles la vida, nos pisaron, nos impusieron de otra manera, menos drástica menos rápida, pero cegaron la futuro desangrandonos, robándonos la salud, la educación, dejando que la corrupción campee sin límites. Esos que nos hicieron pensar que la democracia no estaba hecha para un pueblo como el nuestro, esos que nos confundieron con falsas promesas usando la democracia para sus mezquinos intereses, son tan culpables como los que masacraron al pueblo con el peso de una bota y aun así, la llama sigue viva, sigue ardiendo, no se extingue.



