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Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: lunes 17 de agosto de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Las crisis que vive el país desde hace meses y los recientes bloqueo incalificable de carreteras y movilizaciones que se produjeron en plena emergencia sanitaria por la pandemia del coronavirus tendrían que motivar una profunda reflexión en los candidatos que aspiran a gobernarnos, pues el futuro que le espera a Bolivia en los próximos años puede ser tan sombrío como dramático.
Antes de la pandemia ya se anunciaba una crisis económica por causa de la sostenida y drástica caída de los precios internacionales del petróleo y los minerales, principales fuentes de ingresos del país, y también por la total falta de proyección y visión de futuro con que el anterior gobierno administró el período de mayor abundancia de nuestra historia. Ahora, con la contracción económica mundial y las consecuencias aún indeterminadas de la pandemia cuyo fin, además, es incierto el panorama futuro es aún más complejo.
Y está también el hecho de que el traumático fin del gobierno de Evo Morales, hace 10 meses, ha dejado el país con profundas heridas sociales que hacen prever nuevos escenarios de inestabilidad social que pueden ser alimentados por el MAS –habituado a los conflictos como estrategia política– y aprovechados por otros personajes que buscan construir, o recuperar, liderazgos.
Además, es evidente la necesidad de recuperar la plena institucionalidad de los órganos del Estado. Institucionalidad pervertida durante casi 14 años por el afán totalitario del régimen masista. Y encarar un debate acerca de la pertinencia de ajustar la Constitución –vigente desde hace más de una década– a las nuevas realidades de una Bolivia que no es la misma de entonces.
Todo ello tendría que reflejarse en las propuestas electorales. Propuestas que debieran recuperar las experiencias de estos meses de crisis múltiples reactivadas y/o agravadas por la emergencia sanitaria y la alarmante corrupción que parece aumentar.
A la Presidenta se le puede atribuir la responsabilidad de haber minado su autoridad y legitimidad iniciales al decidir postularse para continuar siéndolo. Y a los otros candidatos, reprocharles su falta de voluntad real para construir una alternativa política sólida, como lo demandaban amplios sectores de la ciudadanía.
Estamos a pocas semanas del inicio de las campañas electorales, las organizaciones políticas tendrían que estar reformulando sus propuestas y los ciudadanos, reflexionando acerca de cómo, y sobre qué, interpelarlos para poder decidir mejor quiénes nos gobernarán en los próximos, difíciles, cinco años.



