Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 16 de agosto de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Bolivia acaba de celebrar 195 años de independencia este pasado 6 de agosto. El Estado Plurinacional ha resultado ser un estado populista-autoritario.
La democracia fue creada por los atenienses en el siglo V a.C. y apareció en la obra del filósofo Platón, La República, donde la definirá como el “gobierno del pueblo”. La república aparece en Roma después de la caída de la Monarquía Romana.
El término proviene de la expresión res publica, derivada de res populica, es decir, la “cosa de las personas”, “asunto del pueblo”, o “propiedad pública”. En esto, la república se opone a regnum (reino), o “propiedad del rey”.
En los últimos 14 años, Bolivia fue gobernada por una persona, como si fuera una monarquía (de propiedad de un rey), a pesar de haber sido elegida democráticamente. Esta persona, representada en todos los estamentos del Estado a través de la Constitución, hecha a medida y aprobada en un cuartel el año 2009, ha degenerado en un autoritarismo que ha lindado con una dictadura.
No debe confundirse a las repúblicas modernas con las antiguas repúblicas. Las primeras significan el gobierno de la ley, las segundas el gobierno del pueblo. En la primera, el poder se asienta en el estado de derecho; en la segunda, el poder es ejercido directamente por el pueblo en una Asamblea. Y cuando una asamblea es controlada por una persona, representada en un partido, legitimada por las urnas y por una Constitución hecha a medida, también apunta a una dictadura.
Esa forma de gobierno, democrática por fuera, pero autoritaria por dentro, ha sido manejada con una política populista. Los populistas utilizan la desesperación de la gente para ofrecerle una solución rápida, por ejemplo, mediante una reforma de la Constitución.
En lugar de invitar a la reconciliación, más bien avivan la lucha de clases; explotan le retórica de izquierdas y derechas. El populismo, de lo primero que se encarga, es de desmantelar instituciones poco a poco, de reescribir constituciones para poderlas acomodar a los antojos de los diferentes líderes corruptos.
Por eso mismo, debemos hablar del populismo versus república. Porque es la república moderna la que realmente garantiza la institucionalidad del Estado asentada en el estado de derecho. La Asamblea es una figura estricta de una república antigua, donde el poder es ejercido por el pueblo. Pero cuando los miembros de esa Asamblea responden a una persona, autoritaria, que incumple sus mismas leyes, la Asamblea se convierte en un instrumento más de ese autoritarismo.
Tal es así que en esta Asamblea ya no se intercambian ideas, la razón y la lógica pierden la importancia que deberían tener, no hay un respeto por el argumento. Los líderes populistas anulan toda la razón y toda la lógica de su argumento levantando pasiones. Este populismo se aprovecha de la miseria de la gente, dejando fuera, absolutamente, toda la razón y la lógica en la toma de decisiones. Juega con la necesidad para sencillamente imponer una dictadura; juega con la necesidad de la población.
El populismo también anula la dignidad de las personas. Hace sentir que la persona no es capaz ni digna de gobernar su propia vida y que necesita de un “líder”/ caudillo que le maneje absolutamente todo para poder salir adelante. Así, personajes como Evo y Maduro, creen ser los líderes “salvadores” que necesita la gente. El populismo ama tanto a los pobres que los multiplica, porque lo que busca es esa multiplicación de miseria para seguir recibiendo un voto a través de cualquier objeto o servicio que en ese momento la gente necesita, y mejor si es gratis.
Pero, ¡nada es gratis! La salud y la educación en Cuba no es gratis. Todo tiene un costo, de algún lado tienen que salir los recursos y, cuando no hay la institucionalidad de una república, es cuando empieza la corrupción y, cuando ésta empieza, entonces se degeneran sus virtudes.
Los populistas usan el discurso de “tú estás mal porque alguien está bien”. Todos podemos estar bien. El hecho que una persona acumule riqueza no le impide a otra acumularla. Pero para eso se necesitan instituciones, se necesita seguridad jurídica, se necesita un estado de derecho y, sobre todo, rescatar en nuestros parlamentos el respeto y la admiración por el debate de ideas con argumento razón y lógica.
Una población que no tiene educación no va a exigir de sus políticos un debate con lógica, razón y argumentos; va a ser manipulada fácilmente a través de las pasiones. En este sentido, es fundamental la educación. Sin embargo, mejorar el nivel de educación de la población toda, tomará décadas; pero hay que empezar cuanto antes.
Por eso debemos ir a votar masivamente en las próximas elecciones para elegir a diputados y senadores que creen en la razón, en el debate de ideas; que no se dejen llevar por las pasiones, que no se aprovechen de la miseria y la necesidad de la gente como algunos degenerados “padres de la Patria”.
Necesitamos ciudadanos que creen en el diálogo y la paz, no en la demagogia y el caos; que se crean capaz de contribuir al desarrollo del país y que no necesitan de un caudillo, de un populista “salvador” que se aprovecha de la gente.
No podemos depender que el Tribunal Supremo Electoral haga cumplir la Ley Electoral; parece que aún mantiene la inercia de los 14 años pasados. Tampoco podemos confiar de los líderes políticos que lo único que han mostrado hasta ahora ha sido su mezquindad y miopía. Tenemos que controlar nuestro destino mediante nuestro voto, tenemos que votar por volver al funcionamiento de una república moderna. Tampoco queremos antiguas repúblicas que se parecen a aristocracias.
Hay que votar ahora, ahora es el cambio; si no ¿cuándo? La pandemia no pasará pronto y nos jugamos el país si no acudimos a votar. Hagámoslo con precaución y coraje, no importa si disfrazados de teletubbies o astronautas. Si no lo hacemos, estaremos peor en cinco años. Nos sobran razones de tipo moral. Levantemos la nacionalidad boliviana de los escombros del pasado, particularmente de los pasados 14 años.



