Medio: El Día
Fecha de la publicación: domingo 16 de agosto de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Su frase más famosa es la que hace referencia a las leyes, por las que Morales no siente el más mínimo respeto, lo mismo que la democracia, considerada por el cocalero como una simple herramienta para acceder al poder, tal como lo hizo en 2005. A partir de ahí jamás ha respetado ninguno de los principios del estado de derecho y obviamente no lo hará el 18 de octubre, así que lo que corresponde no es celebrar el fracaso de los más recientes bloqueos, sino prepararnos para las rabietas que ocasionará la aparente derrota del MAS en las urnas.
Morales y su entorno más íntimo, especialmente los asesores internacionales, se convencieron hace mucho que las elecciones no son una opción para recuperar el poder. Tal vez lo sabían desde el principio, desde que el cocalero huyó y el mexicano López Obrador le brindó una excelente plataforma para el retorno inmediato. Los hechos violentos de noviembre fueron la expresión de esa estrategia y ante el fracaso, el desalojo fue inmediato. Argentina es uno de los pocos países que todavía insiste en el relato del “golpe de estado” y por eso, no tiene inconvenientes en que el cocalero use a Buenos Aires como bunker de sus maquinaciones terroristas, que volvieron a fracasar, porque se chocaron contra una población que sigue firme en su empeño de recuperar la democracia, mucho más ahora que el MAS se ha mostrado tal como es, sin el menor disimulo.
Aunque nos haya parecido irracional y absurdo, todo lo que vimos en los días pasados estaba anunciado; fue parte de una recomendación que le hizo a Morales el Foro de São Paulo, que tuvo el descaro de exigir la devolución del poder a Morales, después de que éste mismo renunció. Al unísono se escucharon voces cuestionando las denuncias de fraude que hizo la OEA, con el respaldo de la Unión Europea, los dos principales observadores de las elecciones del 20 de octubre de 2019.
El soporte que le brindan al cocalero desde afuera no es poca cosa. Es el mismo que estuvo detrás de las revueltas de octubre de 2003 y que tanto éxito tuvieron en la conquista del poder; es el mismo que mantiene de pie a la dictadura del venezolano Nicolás Maduro, aunque con Bolivia nunca hay que dar nada por sentado. Sacar a Evo Morales de su trono de emperador es algo que todavía nadie entiende y tampoco entenderán que un Gobierno transitorio que muchos consideran débil y desgastado, no se haya dejado doblar el brazo por bandas criminales que pusieron patas arriba al país durante más de diez días.
Lo que queda es estar preparado para los coletazos que vendrán en el futuro inmediato, aunque ya todos estamos advertidos sobre el modo de actuar de Morales y las mejores armas que tiene el país para resistir y vencer.
Hay mucho que reprocharle a Evo Morales y en la mayoría de los casos no tenemos derecho a quejarnos. Él siempre nos advirtió de sus intenciones y es exactamente lo que hace al pie de la letra, como si se tratara del guión de una película. Él nos dijo que su sueño era dormir al lado de una quinceañera y esa es precisamente la comidilla que todos comentan en este momento.
Su frase más famosa es la que hace referencia a las leyes, por las que Morales no siente el más mínimo respeto, lo mismo que la democracia, considerada por el cocalero como una simple herramienta para acceder al poder, tal como lo hizo en 2005. A partir de ahí jamás ha respetado ninguno de los principios del estado de derecho y obviamente no lo hará el 18 de octubre, así que lo que corresponde no es celebrar el fracaso de los más recientes bloqueos, sino prepararnos para las rabietas que ocasionará la aparente derrota del MAS en las urnas.
Morales y su entorno más íntimo, especialmente los asesores internacionales, se convencieron hace mucho que las elecciones no son una opción para recuperar el poder. Tal vez lo sabían desde el principio, desde que el cocalero huyó y el mexicano López Obrador le brindó una excelente plataforma para el retorno inmediato. Los hechos violentos de noviembre fueron la expresión de esa estrategia y ante el fracaso, el desalojo fue inmediato. Argentina es uno de los pocos países que todavía insiste en el relato del “golpe de estado” y por eso, no tiene inconvenientes en que el cocalero use a Buenos Aires como bunker de sus maquinaciones terroristas, que volvieron a fracasar, porque se chocaron contra una población que sigue firme en su empeño de recuperar la democracia, mucho más ahora que el MAS se ha mostrado tal como es, sin el menor disimulo.
Aunque nos haya parecido irracional y absurdo, todo lo que vimos en los días pasados estaba anunciado; fue parte de una recomendación que le hizo a Morales el Foro de São Paulo, que tuvo el descaro de exigir la devolución del poder a Morales, después de que éste mismo renunció. Al unísono se escucharon voces cuestionando las denuncias de fraude que hizo la OEA, con el respaldo de la Unión Europea, los dos principales observadores de las elecciones del 20 de octubre de 2019.
El soporte que le brindan al cocalero desde afuera no es poca cosa. Es el mismo que estuvo detrás de las revueltas de octubre de 2003 y que tanto éxito tuvieron en la conquista del poder; es el mismo que mantiene de pie a la dictadura del venezolano Nicolás Maduro, aunque con Bolivia nunca hay que dar nada por sentado. Sacar a Evo Morales de su trono de emperador es algo que todavía nadie entiende y tampoco entenderán que un Gobierno transitorio que muchos consideran débil y desgastado, no se haya dejado doblar el brazo por bandas criminales que pusieron patas arriba al país durante más de diez días.
Lo que queda es estar preparado para los coletazos que vendrán en el futuro inmediato, aunque ya todos estamos advertidos sobre el modo de actuar de Morales y las mejores armas que tiene el país para resistir y vencer.



