Medio: El Día
Fecha de la publicación: miércoles 12 de agosto de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
Hoy lo hacen contra un gobierno provisional y lo harán contra cualquiera que asuma el gobierno, así sea Luis Arce Catacora, quien no es más que un instrumento y un títere de los carteles que fueron echados el año pasado por la ciudadanía. Ningún otro hubiera podido hacerlo. Muchos líderes a los que se necesitaba en primera fila el año pasado, se escondieron, se corrieron, hicieron sus propios cálculos, se callaron y hoy tratan de hacer lo mismo, mientras los criminales hacen de las suyas con el país.
Cuando los violentos hayan recuperado sus espacios, la dictadura no perdonará a nadie, sin importar lo suave que se haya portado con el cocalero. Lo hemos visto durante 14 años de persecución implacable, encarcelamiento y represión. Cuesta creer que en este momento haya quien dude sobre la posición que hay que tomar, la convicción que se necesita demostrar frente al pueblo, frente a los bloqueadores, frente a las Fuerzas Armadas, la Policía y la Justicia, a quienes necesitamos convencidos de que estamos avanzando en la recuperación de la democracia, pues de lo contrario la confusión comienza a apoderarse del banco correcto.
Esta batalla no dependerá de cuánta fuerza demostremos en las calles; eso es precisamente lo que están buscando los terroristas, que muestran sus armas, esperando que alguien caiga en su trampa. No hace falta preguntarle a la ciudadanía de qué lado está, pues son los más convencidos de que no se debe dar ni un solo paso atrás. El problema está en las élites políticas, en los responsables de tomar acciones judiciales en contra de los que atentan contra la vida de millones de bolivianos, de autoridades que tienen que hacer prevalecer la ley y el orden, sin caer en los excesos que están buscando los expertos en estrategias envolventes.
Hoy no es momento de ponerle condiciones a la democracia. Es la última oportunidad de demostrar cuán unidos estamos en torno a la recuperación del estado de derecho y cuán convencidos estamos de que la dictadura no debe volver al país, de que la impostura debe ser proscrita y que los culpables del saqueo y de tantos otros crímenes deben responder ante la justicia.
Más que el gesto heroico de algunos valerosos ciudadanos, se espera el mensaje de unidad de quienes deben conducir este tren de la democracia. Ya llegará el momento de llenar las plazas, colmar las rotondas e inundar de júbilo las ciudades y los pueblos, como ocurrió el 10 de noviembre del año pasado, cuando derrotamos al fraude. Hoy es momento de seguir en la lucha y eso sólo se logrará dando un paso al frente y dejando en claro quién está con la democracia.
Hoy no es momento de ponerle condiciones a la democracia. Es la última oportunidad de demostrar cuán unidos estamos en torno a la recuperación del estado de derecho y cuán convencidos estamos de que la dictadura no debe volver al país, de que la impostura debe ser proscrita y que los culpables del saqueo y de tantos otros crímenes deben responder ante la justicia.



