Fue así que en enero de este año, el nuevo TSE convocó a elecciones para el 3 de mayo, lo que de alguna manera dio cierta tranquilidad en el tema político, aunque el panorama no fue el mismo en lo social y, principalmente en lo económico, ya que los conflictos de casi un mes paralizaron el aparato productivo.
A la crisis económica, en marzo, se sumó el coronavirus, que al igual que en la mayoría de países del mundo, en Bolivia sacó a la luz lo mal que está en el área de salud. No existe infraestructura, equipamiento, insumos y personal para atender la pandemia que ya contagió a más de 90 mil personas y mató a más de 3.600.
Si bien fue un acierto la declaratoria de cuarentena total por más de dos meses, para que evitar mayor propagación del virus, la medida no estuvo acompañada de acciones precisas que permitan encarar la crisis sanitaria y sus efectos en lo económico y social.
La pandemia también provocó que la fecha para las elecciones sea movida del 3 de mayo al 3 de agosto y, ahora, cuando por fin el TSE definió el 18 de octubre para ir a las urnas, sectores afines al MAS decidieron rechazarla, además de asumir medidas radicales, provocando pérdidas al sector productivo, pero lo más cuestionable es que ponen en riesgo la salud y la vida de los que participan en la medida y de quienes están postrados en una cama de un hospital.
Las convocatorias a diálogo no dan resultados y los conflictos tienden a profundizarse. Oficialistas y opositores echan leña al fuego en lugar de buscar la pacificación.
La corrupción no es ajena al corto Gobierno que lleva Áñez. Basta recordar las denuncias de pagos irregulares en ENTEL, YPFB y, lo más escandaloso, el presunto negociado en la compra de ventiladores. Si bien cayó un ministro de Salud y otros funcionarios, aún no hay juicios ni culpables sentenciados.
Varios analistas consideran que en Bolivia no hay Gobierno, solo así se puede entender, que civiles decidan desbloquear caminos, cuando esa es tarea de la Policía y las FFAA.
La Presidenta aún está a tiempo de buscar la paz y la tranquilidad en el país. La violencia y el enfrentamiento entre bolivianos no pueden ni deben volver. Varios sectores le piden que deje la candidatura y gobierne para todos. En sus manos está la última palabra.



