Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 09 de agosto de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones subnacionales
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De espaldas cuando el país más necesita una señal de unidad y diálogo, ambos poderes evitaron el encuentro o siquiera escucharse. Por motivos técnicos o por decisiones políticas, lo cierto es que ni el Ejecutivo escuchó el informe de la presidenta del Senado, Eva Copa; ni los legisladores prestaron oídos a la presidenta del país, Jeanine Añez.
Lejos quedaron las imágenes de ambas líderes, Jeanine Añez y Eva Copa, buscando la pacificación en noviembre pasado. Pero no están lejos los mismos problemas: el país se encuentra nuevamente amenazado por movilizaciones violentas de los sectores del MAS, que no sólo impiden el paso de alimentos sino, algo que es criminal, el paso de insumos para los enfermos.
Sin embargo, a pesar del crítico momento, la presidenta Añez optó por un discurso político tradicional; es decir, de defensa ante los adversarios y de promoción de su figura política y la de su gobierno.
Empezó la Presidenta hablando de bonos, siguió con el mismo tema durante buena parte de su alocución y concluyó con lo mismo: los bonos. Nadie niega la importancia de estos aportes económicos a los bolivianos cuando más lo necesitan, pero es obvio que con 500 bolivianos o 1.000 bolivianos ni la familia más pobre resuelve sus necesidades.
La situación es dramática no sólo porque recibimos la pandemia con el sistema de salud más pobre y obsoleto que se pueda pensar, sino porque en la actual gestión no se han tomado decisiones ni realizado acciones puntuales que podrían haber mejorado esta situación. La Presidenta no hace autocrítica y da datos exagerados -por no decir falsos- de lo que se ha avanzado en salud. Pero, lo más preocupante de todo es que, como nos tenía acostumbrados Evo Morales, la presidenta Añez recurre a la estrategia de la victimización y el ataque a sus rivales políticos y a otras instituciones, como el Poder Electoral, sin un ápice de autocrítica y menos de empatía.
Al Tribunal Supremo Electoral lo acusa de “jugar” con la fecha de las elecciones cuando ella misma había sugerido una postergación. Como lo hace notar el observatorio Bolivia Verifica, el 16 de junio, en Tarija, Añez sostuvo que el país necesitaba postergar las elecciones. “Probablemente un mes o dos no le va a hacer daño a nadie; es más, todos los bolivianos vamos a ganar con ello”, dijo entonces.
Pero, es todavía más preocupante que ante el estado de la salud en el país, el Gobierno y la Presidenta no busquen un tono más propositivo ante este asunto. ¿Están las condiciones dadas para una elección en pocos días más?, es la pregunta que debieran responder, y que Añez soslaya acusando con epítetos poco serios al Órgano Electoral. Creer que un poder del Estado está haciendo un “juego infantil” con este tema es hacer precisamente lo que ella reclama: dar más motivos a los movilizados para bloquear.
El discurso presidencial pudo y debió ser un llamado a la reconciliación y a la unidad del país. No fue así del lado del Gobierno y tampoco del Legislativo. La presidenta del Senado Eva Copa abogó por el encuentro y el diálogo, lo que es una impostura pues su partido es el que promueve los bloqueos violentos de estos días y se niega a ceder siquiera un ápice.
Añez y Copa apostaron por sus propias figuras políticas cuando podrían haber tenido un gesto de grandeza democrática y humildad ante la Patria.
Hizo falta más, pudo ser más. Si lo que realmente importa en este momento es encontrar salidas a esta crisis que es, además de sanitaria, económica y política, hace falta dar señales y pasos concretos que convoquen al diálogo con todos los actores políticos.
Lo que vio el país este 6 de agosto es una señal preocupante y vívida de una fractura que los principales actores políticos no dudan en alimentar.



