Atrás quedaron los días en que las dos mujeres más importantes de Bolivia participaban juntas en actos que se dieron tras la salida del expresidente de Bolivia Evo Morales y la asunción de Áñez a la Presidencia del Estado Plurinacional.
Si bien las relaciones entre el Ejecutivo y Legislativo no eran de las mejores, porque el Movimiento Al Socialismo (MAS) tiene mayoría en el Parlamento y es opositor al gobierno transitorio, se esperaba que ambas mujeres que habían logrado la pacificación del país después de las revueltas de octubre y noviembre, alcancen acuerdos que eviten la profundización de la crisis política.
Sin embargo, mientras los legisladores deciden frenar la aprobación de créditos para que el Gobierno pague el Bono Salud y compre algunos equipos e insumos para la lucha contra el coronavirus, la Presidenta no promulga algunas leyes y, en algunos casos, envía al Tribunal Constitucional para que revise.
La actitud de los dos poderes del Estado es por demás cuestionable y denota que solo piensan en ellos y en las organizaciones políticas que representan, pero no así en los millones de bolivianos que están pasando momentos muy difíciles por la crisis económica y por la pandemia que está contagiando y matando a miles.
Los bolivianos no merecen tener autoridades que solo se dedican a atacar o contraatacar. Es una vergüenza que los mal llamados padres de la patria no hayan permitido que la Mandataria brinde su informe y se dirija a la nación como siempre lo hicieron los presidentes cada 6 de agosto. Pero también es una vergüenza que “por desperfectos en el sonido y la señal” y no sé cuantas explicaciones técnicas más, el canal estatal no haya transmitido discurso de la presidenta del Senado, Eva Copa; esto no es otra cosa que censura.
Aunque desde el Ejecutivo y el Legislativo intentan explicar y justificar lo que hicieron, pocos o tal vez nadie les cree. Sus vergonzosas acciones son más que evidentes y el pueblo boliviano no se merece ver todo esto.
Está claro que las visiones que tiene el oficialismo y oposición sobre el presente y el futuro de Bolivia son completamente antagónicas, pero, deberían reflexionar y pensar en el país. No es posible que en momentos tan críticos como los que están viviendo la mayoría de bolivianos, un reducido grupo de parlamentarios y autoridades gubernamentales se enfrasquen en peleas político partidarias. Ojalá que en el poco tiempo que resta antes de las elecciones, la actitud de Ejecutivo y Legislativo cambie, y decidan trabajar de forma coordinada y en bien de las grandes mayorías.



