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Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 02 de agosto de 2020
Categoría: Representación Política
Subcategoría: Democracia paritaria
Dirección Web: Visitar Sitio Web
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En días pasados ha sido colgada en las redes -algunos dicen que se ha viralizado- una grabación de una mujer joven, parecida a la Presidenta del Senado, en una escena sexual. La senadora Copa, indignada, pidió a las autoridades que den con los autores de un hecho que ella considera viola su imagen. El pequeño problema es que ella ha declarado no ser la persona que se ve en la filmación, por lo que, en realidad, si no hay una denuncia de quien aparece en la grabación, es difícil imaginar que pudiera haber siquiera un delito.
La vida sexual de las personas es asunto de ellas y nadie tiene por qué entrometerse mientras éstas no tengan ningún ingrediente que las haga ilegales. La reputación de las personas también está protegida por la ley, e independientemente de que para las personas sensatas el sexo no tenga nada de malo, o criticable, sino que sea sólo digno de celebración; lo cierto es que una grabación de un acto sexual, lanzada al público, puede abochornar y mortificar mucho a la persona exhibida, en parte por pudor y en parte porque, de una manera u otra, se da una condena social casi atávica.
De cualquier manera, lo que tenemos delante es en realidad una historia bastante gastada y vieja, aunque no por eso menos canallesca; se trata del uso de la vida sexual de las personas que están en el poder, ya sea para neutralizarlas, desprestigiarlas, o simplemente anularlas.
Las noticias que tenemos de las supuestas degeneraciones de los Flavios en la Roma imperial responden a esa misma lógica, que también fue también utilizada a lo largo de los siglos. Resuenan aún hoy las historias de Rodrigo de Borja y su familia, y las acusaciones que la Revolución francesa le hizo a María Antonieta, en sentido de que hubiera tenido relaciones sexuales con su hijo. Pasó lo mismo con toda la propaganda gráfica de la supuesta relación sexual entre la última zarina rusa y el monje Rasputín, y suman y siguen.
El problema hoy en día es que existe material grabado casi en cada celular y la posibilidad de viralizarlo está literalmente al alcance de la mano. Los poderosos tienen que tener más recaudo, porque ese material puede ser mal utilizado por otros.
La grabación que nos ocupa no me parece que tenga que ver con un acto de violación de los derechos de la mujer, sino con un acto canalla del mundo de la política y sus cloacas laterales.
La senadora Copa tiene grandes méritos en su haber y tiene también serios cuestionamientos por la forma en que está manejando la Asamblea en estos momentos de pandemia, y un pinche video, real o ficticio, simplemente no puede hacer ninguna mella en ese prestigio, ni puede empeorar la impresión que se pudiera tener de sus últimas actuaciones.
Ahora bien, el disgusto es real, pero creo que las personas tienen que estar conscientes de la fragilidad en la que se colocan
cuando permiten que se las filme en escenas muy íntimas. Tal vez en el futuro, y ese futuro podría ser muy cercano, una ley que castigue el primer salto de imágenes de la cámara a las redes, sin el permiso de la persona filmada, podría evitar situaciones como éstas (tratando por el otro lado de evitar cualquier otro tipo de prohibición en las redes de comunicación e información).
Mientras tanto, toca hacer una fuerte condena social a este tipo de acciones canallas que envilecen la vida pública. Y no olvidar que este round de mugre tiene un antecedente inmediato en la campaña de esa índole, iniciada por los detractores de la Presidenta Añez apenas ella asumió esas altas funciones.
Agustin Echalar Ascarrunz es operador de turismo.



