Medio: El País
Fecha de la publicación: miércoles 29 de julio de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Con todo, la convocatoria de ayer tenía toda la pinta de convertirse en lo que finalmente fue: el enésimo intento del MAS de hacer una demostración de fuerza con una receta antigua, donde se observaron comportamientos puntuales poco cívicos o poco conscientes, y que finalmente acabó en una amenaza de huelga general y bloqueos en todo el país si el Tribunal Supremo Electoral no recapacita y repone la fecha electoral del 18 de octubre al 6 de septiembre.
Se supone que había otras motivaciones relacionadas a la gestión de la pandemia, pero ni los propios organizadores le dieron excesiva importancia, puesto que el rechazo a reponer una cuarentena rígida es también generalizado entre los sectores movilizados, así que finalmente, la movilización quedó reducida a una reivindicación política.
Si el éxito de una movilización se mide por el logro de la reivindicación planteada, no parece probable que el TSE esté dispuesto a ceder otra vez a la presión y volver a cambiar la fecha electoral solo una semana después de modificarla por presión de los otros, fundamentalmente porque su credibilidad volvería a quedar a los pies de los caballos, y eso ya sería otro problema para la democracia boliviana.
Si lo que se busca es un éxito simbólico, el MAS volvió a demostrar que es el único partido real con base y con arraigo en todo el territorio nacional, aunque en algunos departamentos esté más que diezmado tras sus muchas decisiones en 14 años de Gobierno que lo desdibujaron.
Si lo que se busca es un espaldarazo electoral, no queda nada claro que ese “éxito” simbólico le sirva para algo más que para contentar a los más fervientes partidarios, y no está nada claro que ese bloque siga llegando al 40% a nivel nacional.
La marcha le sirve al MAS de lanzamiento de la campaña electoral, en la que apuesta por sus bases y olvida sus grandes mayorías de 2005, 2009 y 2014 que se las dieron todo ese grueso de la población que lo que busca es que el país funcione al margen de la confrontación violenta y que ahora deberá decidir.
Claro que al frente está el Ministro de Gobierno, Arturo Murillo, con sus listas de masistas contagiados y sus extrañas metafo-amenazas que categorizan enfermos de primera y de segunda, y recuperados fuertes y muertos débiles.
No queda claro quién gana y quién pierde en este duelo de gallitos polarizados. O tal vez sí. Si alguien ve en la convocatoria de ayer algo más que un acto partidario puede afirmar que existe un descontento en una buena parte de la población y que no sería bueno ignorarlo. Con todo, lo que está claro es que el país necesita una solución democrática a su situación actual, una solución en las ánforas que de legitimidad a los gobernantes que toman las decisiones. Se trata de salvar el país. Ni el revanchismo ni la venganza llevarán a nada.



