Medio: El Día
Fecha de la publicación: lunes 27 de julio de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Precisamente esos fueron los factores de dominación, pero eso se terminó aquella fecha y se ratificó el día posterior al fraude del 20 de octubre de 2019, cuando millones de ciudadanos salieron a las calles sabiendo que el cocalero no dudaría en ordenar la represión, sacar a las calles sus grupos de choque y mandar a cercar las ciudades, como ya lo había hecho en varias ocasiones.
Ninguna de esas estrategias le dio resultado, la gente se plantó firme en sus esquinas y el autócrata no tuvo más remedio que huir. Ni siquiera los actos terroristas posteriores amilanaron a la población y tampoco lo han hecho durante los últimos meses de sistemático acecho en medio de la pandemia, una gran oportunidad que vio el masismo para sembrar el pánico y crear el caos.
Pese a que el miedo había desaparecido y existía la fuerza necesaria para destruir el aparato delincuencial del MAS, los cálculos políticos impidieron hacerlo y le permitieron al masismo recuperar su espacio y su capacidad de acción. De todas formas, este tiempo ha servido para percibir los verdaderos propósitos del cocalero y no cabe duda que el rechazo hacia él ha aumentado, al mismo tiempo que el miedo sigue desapareciendo.
Muchos se preguntan hoy si la inhabilitación del MAS y la suspensión del candidato a las elecciones, como manda la ley, provocará un incendio en el país. Resulta obvio que los afectados no se quedarán de brazos cruzados e intentarán sumir al país en la convulsión, escenario que están preparando desde hace mucho para “patear el tablero” y recuperar el Gobierno por la vía del desastre. Pero en la medida que los tramposos y fraudulentos se mantengan en la impunidad, no hay duda que seguiremos perdiendo la batalla por recuperar la democracia y al mismo tiempo, estaremos favoreciendo el retorno del impostor.
Recientemente ha surgido otra amenaza y está relacionada con la postergación de las elecciones. El MAS insiste en mantener la fecha por la que presionó al Tribunal Supremo Electoral (TSE) a través del miedo, pero ha sido el mismo organismo el que se ha inclinado por la protección de la salud y ha procedido así justamente porque existe un consenso ciudadano manifestado en diferentes encuestas, de que se debe ir a las urnas en un momento en que los médicos salubristas indiquen que no existe el riesgo de empeorar la crítica situación sanitaria que nos impone el COVID-19.
Diferentes organizaciones ligadas al MAS han anunciado que van a poner el país de cabeza si no se hacen las elecciones el 6 de septiembre y no queremos pensar lo que tienen pensado hacer si se produce la inhabilitación. La respuesta a ese chantaje se encuentra en la misma ciudadanía, que asegura que el país está mejor sin Evo Morales y que está dispuesto a hacer cualquier sacrificio con tal de mantener a Bolivia en el camino democrático.



