Medio: El Día
Fecha de la publicación: viernes 24 de julio de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Seguramente el TSE tiene sus propias encuestas y cada partido también hace estudios que le representan mayor confiabilidad. El cambio de fecha ya está decidido y lo más destacable fue el repentino cambio de opinión del candidato Carlos Mesa, a quien se le pasaron los apuros por ir a votar y de un momento a otro dijo estar abierto a una nueva fecha.
Con tantas coincidencias a la vista, vale la pena comentar otros dos datos importantes que aparecen en los estudios de opinión y que podrían haber influido en la reciente decisión del TSE. El primero tiene que ver con la convicción de la población, que pese a considerar prudente la postergación por razones de salud, también dice estar decidido a ir a votar cualquier fecha que se indique. Más del 70 por ciento respondió de esa forma, número coincidente con el que dice que, a pesar de la pandemia, los contagios, los muertos, la crisis, el encierro y todo lo que ha implicado la cuarentena, estamos mejor sin Evo Morales.
La siguiente cifra es, con seguridad, la más significativa y está relacionada con el alto nivel de indecisos frente a los candidatos. Por lo general, esta porción de los votantes contiene a los que esperan los debates, los que aguardan escuchar las propuestas y los que piensan muy bien antes de sufragar y que basan su decisión en el contexto político imperante previo a las elecciones.
En las elecciones de octubre del año pasado se le puso un nombre a ese voto que esperó a último momento para inclinarse y si bien se dirigió hacia un postulante que todavía está en carrera, lo más honesto es afirmar que fue un voto contrario a Evo Morales, quien no sospechaba el tamaño del rechazo que se había ganado y por eso tuvo que improvisar y doblar la apuesta en el fraude que habían diseñado sus secuaces.
El MAS podría reclamar también una porción de esos indecisos, pero es improbable que ocurra eso, puesto que los únicos seguros y perfectamente decididos en este cuadro tan complejo de elecciones en plena pandemia, son los masistas. Ellos están confiados no sólo de ganar en primera vuelta y si se desesperan por ir a votar es porque apuestan al ausentismo, hecho que está completamente desmentido en las encuestas publicadas. La seguridad del partido del cocalero los ha llevado a promover una campaña electoral de tintes criminales y por lo que reflejan los números, el rechazo del que hablamos podría haber aumentado.
La nueva postergación de las elecciones generales está respaldada por la ciudadanía, no sólo porque está dirigida a proteger la salud, sino porque representa mayor garantía de un resultado transparente y democrático.



