Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: jueves 23 de julio de 2020
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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Hay que tomar muy en serio esta cita de Gabriel Zaid, fijándonos en su última frase:
“El poder tiende a corromper el sentido de la realidad, por eso atrofia la razón. La corrupción degrada a las personas que abusan de lo que representan, por el abuso mismo, no por los beneficios que reciben. Las degrada incluso cuando no se benefician, cuando abusan “para salvar la institución” [...] que así destruyen. Simultáneamente, la corrupción degrada a los cómplices activos o pasivos y a toda la sociedad, destruyendo los significados y los símbolos”.
“A los cómplices pasivos y a toda la sociedad…”. Entre los primeros cómplices pasivos, y según vamos sabiendo más claramente, destacan los intelectuales. Han desfilado muchos de ellos, por ejemplo, dándose palmaditas con Maduro. Para la galería de retratos de la patología político social llevada al extremo, vemos a Chomsky, Dussel, Chantal Mouffe, Boaventura dos Santos y muchos más, que así ejercen la complicidad pasiva con el régimen más corrupto del planeta. Complicidad pasiva con las arcas robadas y las cárceles llenas. Y si a ojos vistas todo está mal, y así y todo no lo ven, es que se ha producido una severa degradación de su inteligencia. No ver lo real, ser incapaz de ver lo que está claro y al frente (informe Bachellet, millones convertidos en mendigos…) es el primer síntoma de una severa degradación de la inteligencia. Lo triste es que es algo muy común.
Aunque de forma menos escandalosa que en el caso venezolano, tampoco el apoyo a Evo Morales se libra de esa complicidad pasiva. Ahí tenemos, para dar un ejemplo, los artículos completamente falsarios de un periodista boliviano a El País de España. En ellos su autor, filomasista de última hora, se cuida de contar, por ejemplo, nada de la corrupción gigantesca del Evo-masismo, como recientemente la denunció Amalia Pando en el caso, justamente, de los hospitales. Millones robados haciendo creer que se hacían hospitales. (Eso fue (es) esencialmente el Evo-masismo: una nueva forma, más rápida, de robar con la venia y comisión del presidente como Supremo Dador –otro término de Zaid). No tocar el tema, como corresponde a cualquier artículo periodístico honesto, significa mentir por omisión y ser un cómplice pasivo de esa corrupción -y encima del fraude-.
Pero la degradación de la inteligencia, por supuesto, dista de ser privativa de los intelectuales. Durante el MAS parecía, más bien, ser una política de Estado.
El mismo Evo Morales no deja de demostrar, vez que abre la boca, lo que -aunque pueda ser políticamente astuto-. Y lo que hizo durante su gobierno, fue nivelar a todos hacia abajo, a su propio nivel.
Nunca le importó la competencia intelectual de nadie a la hora de nombrar cargos –ya que él mismo carece de cualquier competencia-. Hoy basta ponerle un micrófono delante a casi cualquier masista, en efecto, y es de no creer. O escúchese, si no, a la actual ‘gobernadora’ de Cochabamba. Retrata la total degradación de la cosa pública que se vivió bajo el masismo.
Es inolvidable, finalmente, la vez que Evo hizo gala de su elevado resentimiento intelectual. Lo hizo burlándose de quienes habían “estudiado en Lovaina”. Otro rasgo más que comparte (entre tantos otros) con Trump y demás populistas: el odio a la inteligencia, el odio a los científicos, a los leídos… mientras muchos leídos, sin embargo, son sus valedores y cómplices pasivos.



