Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: martes 21 de julio de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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En estas semanas estamos viviendo la etapa más cruenta de la pandemia, con un pico que aún no sabemos cuándo llegará, pero con casi 60.000 infectados y más de 2.000 muertos; lo que es peor, con carencias de espacios en hospitales y falta de medicamentos. El otro aspecto importante para las familias, que es la economía, también tambalea por el efecto de la pandemia.
Sin embargo, nada contribuye a dar tranquilidad y seguridad a la población. La política, el otro eje de esta coyuntura, es solamente espacio de conflictividad, amenazas e incertidumbres. Tenemos un país polarizado al extremo por naturaleza. Pero, lejos de encontrarse espacios de unión y de consensos para afrontar los desafíos más grandes de estos días, lo que se aprecia es exactamente lo contrario, una guerra desatinada entre unos y otros que sólo parece empujar al país a un despeñadero, sin la menor compasión por el momento que se atraviesa.
La fecha de las elecciones se ha convertido en el eje de los desacuerdos y las pulsetas, interesadas en posicionar visiones partidarias antes que democráticas y mucho menos acuerdos que permitan un viso de certidumbre. Si se opta por una postergación, dado el estado crítico de la pandemia, la conflictividad se avizora a paso seguro; si se decide realizar los comicios en la fecha anunciada, lo propio. Nadie quiere reunirse con nadie y nadie confía en nadie, pues todos los actores en escena defienden un interés particular, que no es el de la ciudadanía.
El Tribunal Supremo Electoral se encuentra en el fuego cruzado de tal artillería y el publicitado acuerdo de junio pasado no duró ni el tiempo de su anuncio.
A ello se suman ahora las presiones de unos por inhabilitar la candidatura del MAS, mientras del otro lado, las amenazas si aquello sucede. ¿No es posible que los actores políticos den una tregua al país buscando acuerdos que no impliquen el desastre?
Lo correcto sería que la fecha para una elección -que todos los bolivianos sabemos que es urgente y necesaria para contar con un gobierno legítimo, salido de las urnas, con el respaldo de un mandato constitucional otorgado por el voto- surja de un análisis serio, imparcial y confiable de la situación sanitaria. Pero, como están las cosas, esta instancia no será posible, pues todas las partes invalidarán la opinión del otro, cualquiera sea. Esta semana es clave para una salida, esperemos que algo de sensatez impere en quienes tienen en sus manos nuestro destino.



