A pesar de todas esas manifestaciones, los bolivianos no logran vivir en paz e institucionalidad y la democracia vive amenazada constantemente, desde los llamados a guerra civil de noviembre y diciembre hasta la falta de acuerdos para llegar a una elección que permita recuperar el orden democrático.
Es triste que la clase política no aprenda las lecciones que deja la historia, que sus actores ignoren el dolor y las vidas que quedaron en el camino en la reconquista democrática, y que sigan gobernando desde y para sus propios intereses.
En este 17 de julio, 40 años después, vale la pena preguntar ¿cuánto aprendimos a valorar la democracia?



