En otras palabras, la Asamblea del MAS legisla para la política sucia, para casos específicos con medidas de aplicación inmediata y no legisla para el país ni mucho menos para la búsqueda del bien común ni con normas duraderas en el tiempo, sin importar quién gobierne en la vereda de enfrente, como debiera ser. Ellos legislan como opositores para un gobierno con el que no comparten y al que parecen decididos a derrocar.
La arremetida tiene directa relación con la influencia de Evo Morales desde Argentina, desde donde ordena actuar de tal o cual manera a los legisladores de su partido, particularmente a través de Eva Copa, en quien se ha advertido que dio un giro de 180 grados en pocos meses: adoptó posiciones conciliadoras con el gobierno de Áñez en un comienzo, pero últimamente hace política radical de oposición y hasta se considera Vicepresidenta, lo que no es.
La Asamblea Legislativa con mayoría del MAS parece estar actuando como si fuera un gobierno paralelo, pero la Constitución reconoce un solo gobierno y se ejerce desde el Poder Ejecutivo, no desde el Legislativo.
Y así sus integrantes, del Movimiento al Socialismo, están empujando peligrosamente al país hacia el despeñadero; parece no importarles ni la salud del pueblo ni la institucionalidad del país; para ellos lo único que importa es hacer lo contrario de lo que dice o piensa el Gobierno y la reconquista del poder a cualquier precio, para entregárselo directa o indirectamente a Evo Morales.



