Dostoyevski nos dice: "El hombre puede acostumbrarse a todo", pero está visto que esa osadía grosera del gobierno evista contra el libre albedrío y la democracia sirvió para despertar el alma dormida de los bolivianos, manifestándose en sentimientos expuestos de solidaridad y hermandad de millones de compatriotas, que se posesionaron en buscar solo respeto.
Esta conducta de independencia, libertad e hidalguía se va extendiendo como manto sagrado, para avanzar, sin tregua ni pausa, durante 21 días y noches, sin utilizar palos, cuchillos y menos armas de fuego: solo agua y jabón para evitar que el virus los contagie.
Porque en los bastiones de las Pititas se respiraba un clima de equilibrio y paz, porque aunaba la impulsividad natural de los jóvenes, con la sabiduría y prudencia de los mayores... Esos vientres de acero, habían engendrado, hombres y mujeres sedientos de buscar justicia y libertad. Cada uno de sus miembros era un soldado, un sargento, un capitán, un coronel y un general a la vez, marcando un concepto de unidad genuina y total que se logra por convicción propia, impulsada por una fuerza interior que busca restablecer valores como el de la autodeterminación.
Así como los refranes no tienen autoría de persona alguna, las Pititas, tampoco la tienen, porque fueron gestadas por el pueblo. Fue una revolución emancipadora, pero sin líderes paradigmáticos.
Ahora las Pititas, tienen una nueva misión patriótica, habiendo ya desterrado a los dragones que solo expulsaban fuego, odio y maldad. Se debe encontrar un nuevo conductor seleccionando una persona limpia, clara y sin misterios ocultos. La sabiduría y dignidad deben ser los atributos más elevados, y que sean ubicados a la hora de no ofrecer al pueblo un libro, para saciar su hambre, ni tampoco sofocar las ansias de conocimiento con una torta de manzana.
La estructura ontológica del hombre, nos recuerda que cuando se supera la opresión y el sufrimiento, se abren los corazones a la espiritualidad para encontrar sentido a la vida.
La fuerza radica en la búsqueda de la verdad. Si uno desea cambiar al mundo, primero debemos cambiarnos a nosotros mismos.
Las pititas nacieron y lucharon para salvar a Bolivia de la ignominia y opresión, lo que solo se conseguirá con libertad y democracia plena.



