Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: lunes 13 de julio de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Votan, felices, convencidos de que quienes estamos un tantito más preocupados del fuego, militamos en filas jeaninistas/gubernamentales. He ahí el principio de esta enfermedad: “si no podemos votar en septiembre, entonces eres militante pro-gubernamental”. Ufa. Inquieta esta actitud tan propiamente masista: ¡nos hemos vuelto masistas todos!, convencidos de que el rival piensa en clave petisamente-partidaria. ¿Verdad? Ojalá, ojalá fuese un problema de fidelidad con la Presidenta, el ministro y su tía Paquita. Ojalá, pero no lo es.
No lo es. Hace semanas sabemos que el conteo de enfermos y fallecidos en Beni y Santa Cruz dista mucho de ser preciso. Entonces, ¿cuál es el dato fidedigno? Ni idea, no lo sabemos mis apresurados votadores. No lo sabemos: el Cenetrop de Santa Cruz colapsó durante la tercera semana de mayo y a pesar de que en ese momento Beni alcanzaba los 154 contagios diarios, hoy, al final de junio, no supera siquiera los 200 contagios diarios. Se sabe que el crecimiento de enfermos de esta enfermedad es exponencial, si se sabe, pero no se mide. No da el cuero, mis amigos electoralistas.
Por tanto, ¿cuál es el cálculo verdadero? El 31 de mayo Beni contaba con 1.809 enfermos registrados. ¿Grave? Seguro, pero ínfimo. Lo relevante es saber que el número de casos ¡tendía a duplicarse cada 10 días! ¿Qué significa ello? Pues que al 30 de junio deberían haberse registrado ¡14.472 casos! ¿Se entiende? 14.472 casos y no los 4.119 casos registrados. ¿Qué significa eso? Las cifras oficiales habrían registrado tan sólo ¡el 28,5%! de los enfermos. ¿Nos damos cuenta de lo que eso significa? Pues que el 71,5% de los casos no se estarían registrando. ¿Quéee? Sí, señor, el subregistro sería de ¡¡10.353 casos!!
En Santa Cruz, la situación no es diferente, aunque las proporciones son ciertamente mayores. ¿Qué sucedió en este departamento? A pesar de haber registrado un número diario de contagios de 600 casos a fines de mayo, a fines de junio, la situación fue la misma: durante todo el mes de junio no superó los 678 casos diarios alcanzados. Pero, ¿puede ser real una cifra que permanece estática?
Hasta el 31 de mayo, Santa Cruz contaba con 6.711 enfermos registrados. ¿Difícil? Sin dudas, pero lo más difícil es tomar en cuenta el ritmo de duplicación de casos cada 10 días. ¿Qué significa eso? Pues que, para el 30 de junio, debieron haberse registrado 53.688 contagios y no los 18.881 contagios oficiales existentes. Las cifras oficiales sólo habrían registrado ¡el 35,17% de los casos de contagio! El subregistro, que no es sino la invisibilización de los pacientes afectados por el Covid, sería de alrededor ¡¡de 46.977 enfermos!!
Lo peor es que el promedio de contagios en Beni es de 43 por cada 100 mil habitantes. ¿Mucho/poco? Quede constancia de que Santa Cruz está en 10, Tarija en poco menos de dos, La Paz es de 2,7 o Pando es 12. Ya sabemos que Beni y Santa Cruz están muy por encima de estas cifras oficiales. Pero, Francia está en 44. Bueno, pero es Francia, con hospitales, clínicas y doctores. ¿Qué podemos suponer entonces? Que estamos mal. La suma total es de 57.330 enfermos no registrados. ¿Podemos estar seguros? Por supuesto, que no, pero sí podemos estar seguros de que las reflexiones (oligofrénicamente) irónicas –“el Gobierno dice que justo el 6 de septiembre vamos a tener más pacientes con Covid”-, agresivas (sub-normalmente agresivas) –“hay que ir a votar, lo que quieren es prolongarse para beneficiar a la presidenta Añez”– o simplemente realistas –“en septiembre podemos estar peor, mejor votamos”–, merecen cuestionarse.
Aun si vamos a votar en esa fecha, debemos dar señales adecuadas y disminuir la belicosidad tan poco inteligente. ¿No nos damos cuenta de lo que tenemos enfrente? Una cifra que va a seguir subiendo. Una cifra que puede rebasar fácilmente los 100 mil o 150 mil bolivianos infectados. ¿Y así vamos a ir a votar? No hay pues duda: el enemigo no es el Covid. Vaya que lo no es.
Diego Ayo es doctor en Ciencias Políticas; G. J. Andrés Uzín P. es ingeniero industrial, máster en estudios del desarrollo – especialista en políticas públicas.



