Medio: Nuevo Sur
Fecha de la publicación: viernes 10 de julio de 2020
Categoría: Institucional
Subcategoría: Tribunal Supremo Electoral (TSE)
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Después de que 34 países postergaron votaciones, necesitaban algún ejemplo para justificar una posición, que a todas luces carece de un mínimo de sentido lógico y encontraron en las experiencias polacas y dominicanas, dos convenientes excepciones a la regla, seguros de que eso era suficiente para tranquilizar a la opinión pública, en un País donde el análisis y el debate político son rarezas y no es muy usual que se haga seguimiento a las noticias o que se recuerden vívidamente las responsabilidades institucionales y políticas. El caso polaco es tan distinto al nuestro que no merece demasiado análisis, basta decir que la curva de contagios es descendente en ese País, pero en el caso dominicano aunque las elecciones fueron hace menos de una semana, ya existen algunos datos que deberían también servir para las comparaciones y para que tanto Romero como Paz se pronuncien con el mismo entusiasmo, que tenían hace un par de semanas. El primer dato que arrojó le sufragio en República Dominicana, es que el nivel de ausentismo fue histórico, alcanzo al 45 por ciento del electorado, según los datos oficiales publicados por la Junta Central Electoral de ese País, de forma que de siete millones y medio de habilitados para votar, mas de tres millones de electores se abstuvieron de asistir, otro dato esclarecedor es que las autoridades del Comité de Emergencia y Gestión Sanitaria y el Colegio Médico Dominicano, este 9 de julio señalaron que existe un clarísimo repunte de la Pandemia del coronavirus, como efecto del proselitismo político y de la votación del pasado domingo. En un par de semanas se podrá medir con precisión la dimensión del referido repunte, pero es evidente que la actividad política y un proceso electoral no son compatibles con el distanciamiento social y las medidas más eficaces de bioseguridad, no basta con unas mascarillas o con un poco de alcohol en gel para resolver el problema, si fuera tan sencillo no tendríamos en Bolivia 43 mil casos confirmados y más de 1500 personas fallecidas, basta con ver las noticias para encontrar los inconvenientes que existen en todas las regiones para que la gente acate las disposiciones y sea cuidadosa sobre todo en los mercados y al utilizar el transporte público. En el caso boliviano no solo es inquietante el peligro de contagio que generan los comicios, sino esencialmente los niveles de ausentismo que se pueden presentar, en un momento de crisis política profunda, donde la única forma que existe para salir de la misma, es que se pudiera constituir un gobierno legítimo y para ello como condición elemental tienen que realizarse elecciones cuya transparencia este fuera de duda y a la vez tiene que haber una participación ciudadana que alcance niveles aceptables. Un ausentismo muy notorio o cualquier irregularidad que pueda ser comprobada o que inmediatamente promueva las sospechas, con certeza se constituirían de detonantes de una conflictividad social sin precedentes, porque de alguna forma se tendría que desahogar la frustración popular, sí se desarrolla otro proceso eleccionario fraudulento o sí existen amaños del Órgano Electoral, ante esa posibilidad uno se pregunta: ¿a quién le puede interesar una presidencia así?



