Medio: El Deber
Fecha de la publicación: viernes 10 de julio de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
Queremos tener un gobierno legítimamente elegido por el pueblo, un nuevo parlamento no monitoreado y, finalmente, un ministro de Gobierno que no sea chinchi como el actual (esa parte me dictó mi suegra).
Lo que no se entiende, es lo que hay gente que no entiende. Gente que insiste en que la fecha es inamovible, aunque lo único inamovible es la vida de la gente. ¿Está claro?
La fecha se moverá, si nos seguimos muriendo. No nos entusiasmemos por batir récords de mortalidad. Relax.
Quienes exigen que haya elecciones, cueste lo que cueste, ponen como ejemplo que, en medio de la pandemia, un país amigo ha ido a las urnas. Yo también puedo poner como ejemplo, que el cura que había en mi pueblo tenía tres mujeres y que yo puedo hacer lo mismo. Aclaro que las únicas tres mujeres que tengo registradas en mi face son mi abuelita ya finada, mi esposa y obviamente mi suegra amada.
Si la pandemia nos sigue agobiando y hay elecciones, mi suegra, por ejemplo, no irá a votar ni aunque su propio candidato llegue a su alcoba y la cargue en sus brazos para llevarla a las urnas porque, una cosa es el deber cívico y otra la estupidez.
Septiembre es un hermoso mes para ver flores nuevas, pero que no estén al lado de tanto crucifijo de muertos en sepulturas improvisadas.
Todos “nos morimos por ir a votar”, pero primero vivamos para subsistir.
No cambiemos la letra del himno con tanto entusiasmo para terminar cantando; “votar antes que vivos morir”
Sugieren empezar las campañas. De momento, se me ocurre pensar en algunos slogans como ¡Si usted no tiene donde caerse muerto, resucite a nuestro candidato! ¡Cumpla su deber ciudadano, porque votar es la muerte!
Las campañas de prevención seguramente dirán “recuerde que la urna y el ataúd, son muy parecidos. No se equivoque, no meta a la vez, su voto al ataúd ni la pata a la urna”.



