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Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: martes 07 de julio de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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La planificación es un instrumento de la habilidad humana que une el corto con el mediano y el largo plazo. Gracias a ella podemos prever, modificar acciones, ajustar decisiones, cambiar súbitamente, dejar de hacer…
Los demás seres vivos, con extraordinaria similitud en los códigos genéticos (los chimpancés tienen un 96% de semejanza genética con los seres humanos, y las bananas el 60%), actúan con cargas basadas mayormente en el instinto, conductas o programaciones de plazos, términos y condiciones diferentes. El uso de las manos, la condición bípeda, el razonamiento lógico, la organización social consciente, el desarrollo de la palabra y las capacidades de la mente para soñar narrativas, y después escribirlas, pintarlas, componerles canciones y volverlas historia plantearon una separación que todavía no hemos asumido en toda su plenitud. El desconocimiento de las reglas de unos y otros, por ignorancia o desidia, nos colocan en mucha de las situaciones extremas como las que actualmente vivimos.
El coronavirus tendrá que ser visto y analizado en esa perspectiva, para entender que nuestros comportamientos y los de la naturaleza y el ambiente tienen sus propias reglas que, si no son respetadas, pueden generar consecuencias que después deberemos enfrentar. Ahí está nuestra capacidad inteligente de prever.
Los terrícolas, hoy convertidos en ciudadanos, si deseamos seguir viviendo en sociedades organizadas tendremos que ajustar los instrumentos que hemos desarrollado, para reencausar nuestra existencia. El principio sigue siendo el mismo. ¿Cómo bajar los índices de incertidumbre frente a lo que viene y sobre lo que no tenemos control?
Hemos creado mecanismos que nos ayudarán si sabemos usarlos. Alerta temprana, análisis de escenarios futuros, prospección, estadísticas construidos sobre la base de información fiable, medible y demostrable, aportan las posibilidades para ello.
En materia de salud, ya se ha repetido al cansancio, la pandemia tomó de sorpresa a la humanidad y todos estamos tratando de aprender en el camino. Algunos con la inteligencia puesta en un microscopio, otros, aceptando una situación no deseada, y todos aplicando conductas básicas que reduzcan su impacto sobre la vida.
En ese escenario, hay una decisión humana de realizar elecciones, que nace de una condición de la democracia y que debe ejecutarse para cumplir con nuestras propias formalidades y exigencias. Pretendo liberar, en la medida de lo posible, el carácter inexorable no del acto de votar, sino de la oportunidad, insistiendo nuevamente en que corresponden a dos categorías filosóficas diferentes. La salud tiene que ver con la vida, única e irrepetible, el voto, con la democracia, falible e imperfecta.
Pretender colocarlas como antitéticas y contradictorias, es plantear un falso debate de condiciones perversas.
La importancia del voto y el perfeccionamiento de nuestra vida en sociedad, a través de la constitución de poder público y la aprobación de políticas, resulta un objetivo fundamental de nuestra vida en comunidad que no puede ser contrario a la seguridad personal y la salud. Al contrario. Y ahí es donde aparece la inteligencia para colocar la prioridad del bien tutelado mayor, como diríamos los abogados, ¿cuál debe primar en caso de que fueran contradictorias ambas condiciones?
El dilema ético genera responsabilidades que no son transferibles. Frente a su importancia, en situaciones normales tendrían que realizarse consultas, iniciativas populares y referendos para que la carga sea compartida colectivamente. No es el caso. En esta oportunidad son los poderes constituidos quienes tienen que velar por el bien mayor, asumiendo que se ha decidido, previamente, cuál es el bien que se quiere proteger con prioridad.
Que no gane simplemente la practicidad por sobre la valoración ética. Todavía estamos a tiempo para que la decisión tomada y las consecuencias que se producirán, no afecten a ninguna de los dos principios puestos en confrontación innecesariamente. La democracia es una entelequia, un bien deseable y construible, la vida es una condición única e irreparable.
Quienes tienen la responsabilidad, que nos ayuden a aliviar la incertidumbre.



