Medio: El Deber
Fecha de la publicación: viernes 03 de julio de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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El ministro de Gobierno lanzó una consulta pidiendo apoyar la iniciativa de “bloquear el sueldo de los asambleístas legislativos”, a fin de destinar ese dinero a la guerra contra el coronavirus. Los legisladores del MAS respondieron que primero deberían bajarse el ingreso mensual los miembros del Poder Ejecutivo. ¡Vaya debate! ¿Alguno tiene la intención de ganar un centavo menos? Probablemente ninguno, pero vale la polémica para hacer olas y pretender ganar votos en una discusión absurda.
Si se hace un análisis, así como se está reduciendo el ingreso de muchos trabajadores en el país, no estaría demás que los asambleístas y los funcionarios públicos cedan un porcentaje de sus ingresos mensuales en solidaridad con los ciudadanos golpeados por la crisis económica. Más aún si vemos que en el Poder Legislativo duermen leyes centrales para luchar contra la pandemia porque se ha priorizado aprobar normas que beneficien al MAS como partido político antes que para el beneficio colectivo. O que en el Ejecutivo hay graves fallas en el equipamiento necesario para luchar contra el Covid-19.
La discusión electoral está en un bajo nivel, lejano a la necesidad de Bolivia. En este tiempo, hay una competencia de denuncias de corrupción, demostrando que todos los candidatos tienen sombras antes que luces. Los acusados dicen que son “cortinas de humo”, como afirmó Luis Arce Catacora, postulante a la Presidencia por el MAS. Los acusadores aseguran que no hubo peor gestión que la de su adversario principal.
En otras esferas, el jefe del MAS, Evo Morales, amparado en el Grupo de Puebla (la corriente de izquierda del continente) insiste en que no hubo fraude en Bolivia, a pesar de las muestras brindadas no solo por la Organización de Estados Americanos y sus peritos enviados a este país a pedido del mismo Morales, sino también por la misión de Observadores de la Unión Europea. El expresidente, a quien beneficiaron las grotescas maniobras de octubre de 2020, olvida que fue él quien renunció el mismo día que se conocieron oficialmente los detalles de cómo fue la manipulación del voto de los bolivianos. Si tan seguro estaba de haber ganado en buena ley, ¿por qué renunció y abandonó Bolivia?
Sin embargo, ahora a ocho meses de haberse conocido los detalles del fraude, insiste en que éste no existió, confiando en que con la repetición de ese discurso logrará convencer a los electores bolivianos.
Ese es el escenario de la campaña electoral de este momento, la misma que está más teñida de infamia que de propuesta; de show mediático que real intención por sacar al país de las crisis sanitaria y económica que se viven en este momento.
Es también probable que esa estrategia archiconocida en las campañas políticas cause el efecto contrario en este proceso. Los bolivianos están urgidos de esperanza, de ver una luz al final del túnel y rechazarán el lodo que pretenden tirarle los políticos de turno.



