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Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: sábado 27 de junio de 2020
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Judicial
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Sin embargo, es necesario recordar que no es solo él, sino que todos los que conforman el TSJ, son fruto de un manoseo que tiene largo recorrido, pero que, ciertamente, empeoró desde 2006, cuando el MAS llegó al gobierno.
Primero fue el teatro de lo que el exvicepresidente fugado llamó “pasarela”, cuando respetables juristas bolivianos fueron obligados a rendir examen ante el entonces Congreso de la República, compuesto por bastantes personas que no tenían idea de lo que era la administración de justicia. Algunos de los designados en aquel entonces, luego fueron víctimas de procesos iniciados en su contra, porque no se sometieron a los dictados del Ejecutivo.
Luego vino la payasada de la elección de altas autoridades del Órgano Judicial por voto popular, lo que fue sólo un disfraz utilizado para encubrir la decisión del presidente fugado y sus seguidores, de copar todos los resquicios de poder. El disfraz pretendía mostrar que “el pueblo” elegiría a los más altos jueces en Bolivia, cuando quien en realidad elegía era un pequeño grupo encaramado en el poder.
Pronto se hizo evidente que sólo los elegidos por el MAS podían integrar las listas para la elección popular. Se tiene evidencia que respetables abogados no accedieron a ellas gracias a una serie de expedientes inmorales, que incluyeron la desaparición de los documentos que habían presentado.
En la elección de 2011, el total de votos nulos y blancos (por tanto inválidos) casi alcanzó al 60% y en la segunda, realizada en 2017, superó el 66%. En esta segunda ocasión, ni siquiera la participación de algunas universidades estatales garantizó que las cosas se hagan bien. Por eso el pueblo, el verdadero pueblo, que no es tonto, percibió que todo era simplemente una payasada, que pretendía convalidar decisiones autoritarias, a título de “elección popular”
Tal fue la actuación de los “elegidos por voto popular”, que el mismo gobierno del MAS, a través de sus más altos representantes, afirmó que la administración de justicia apestaba.
Por tanto, no debe extrañar lo que sucedió con la designación del nuevo presidente del TSJ. Todos sus miembros fueron preseleccionados y elegidos por el MAS. El que no respondía a los dictados del partido, no podían integrar las listas respectivas.
Eso explica que uno de los últimos presidentes del TSJ no se haya cansado de alabar la “brillantez” del ex ministro de Justicia, hoy acusado de fraude electoral y refugiado en la residencia de la Embajada de México. Y a eso se debe que no sólo el TSJ, sino una gran parte de magistrados y jueces, hayan llegado a sus cargos para obtener beneficios muchas veces ilegales e inmorales, a cambio de su sometimiento incondicional al MAS.
Por supuesto, la mentada elección popular de altas autoridades del Órgano Judicial no fue el único engaño al pueblo boliviano. También lo fue el “pluralismo jurídico”, que terminó en el tacho de basura con la “ley de deslinde jurisdiccional”; y varias otras cosas que, por razones de espacio, no pueden mencionarse en esta oportunidad.



