Medio: El País
Fecha de la publicación: viernes 26 de junio de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Y aquí cabe una primera observación: No tiene mucho sentido seguir discutiendo si eso fue o no un “golpe” (que en todo caso sería un tipo excepcional de golpe, ya que no tendría nada en común con los muchos golpes de estado que sí hemos padecido), dado que el auténtico golpe lo había dado el propio Evo Morales cuando decidió hacer caso omiso del Referéndum del 21 de febrero y declararse con derecho a candidatear nuevamente. Eso sí es un auténtico golpe de estado.
Consecuente con todos esos elementos, lo primero que hizo la nueva presidenta transitoria fue anunciar una convocatoria a elecciones. Pero inmediatamente cometió su primer error anunciando su propia candidatura a la Presidencia, decisión que le viene complicando la vida (y que cada vez tiene menos perspectivas). Y la mayor complicación fue la llegada de la pandemia del Coronavirus con todas sus complicaciones, no sólo las que se derivan de un sistema de Salud sumamente deficiente (otra insuficiencia de los gobiernos de Evo), sino a la necesidad de decretar un estado de excepción que apuntaba a reducir al mínimo el contacto personal pero que a la vez paralizaba actividades productivas, educativas, comerciales o de transporte.
Una paralización así en una sociedad como la nuestra, en que la mayor parte de la población trabaja por cuenta propia y se dedica sobre todo al comercio, el transporte y la pequeña producción, resultaba poco tolerable; y cuando se normalizó relativamente la vida, el Coronavirus fue el gran beneficiado.
¿Y las elecciones, cuya organización era la responsabilidad fundamental de la presdenta interina? En principio se despreocupó de ellas (lo que ya dio lugar a diferentes interpretaciones), pero la exigencia de las organizaciones políticas más fuertes (como el MAS y Comunidad Ciudadana) la ha llevado nomás a aceptar la convocatoria a elecciones para el próximo septiembre. Sin embargo en las últimas semanas la pandemia se hace más intensa y mucha gente se pregunta si llevar a la población a votar no equivale a llevarla a contagiarse del virus. Y por otra parte se comenta que si llega a haber elecciones antes de haber superado la pandemia el porcentaje de abstención será grande y de hecho beneficiará al MAS, cuyos seguidores están más dispuestos que otros a jugarse la salud por su candidato o candidata…
Y ahí viene el dilema: ¿Elecciones sí o no? Por una parte está claro que la presidenta interina no puede prolongarse en el cargo indefinidamente (como indefinido está el fin de la pandemia), y por otra parte se puede intentar unas elecciones con procedimientos cautelosos que no faciliten el contagio. ¿Que esa situación favorece más a unas candidaturas que a otras? Ni modo, peor sería que a los males de la pandemia se sume una cadena de conflictos políticos cuyas consecuencias son imprevisibles.
Y la cosa se complica en un país como el nuestro donde votar es una obligación cuyo incumplimiento está legalmente sancionado. Sumando pros y contras se puede sacar la conclusión de que las elecciones son inevitables y no se pueden prorrogar más allá de septiembre, con la participación o no de toda la ciudadanía, por la sencilla razón de que mientras tanto el país se está acercando a la ingobernabilidad. Y ustedes, amables lectores y lectoras, ¿qué piensan?



