Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: viernes 26 de junio de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Con este paralelo no quiero apoyar la tesis del golpe, con la que no comulgo, pero la sorpresa pedía darle contenido a una imagen que no decía nada, excepto que Añez creía tanto en Dios que no tuvo mejor idea que adornar su primera gran aparición con un libro sacro.
No la juzguemos por ese gesto quizá instintivo. La inescrutable voluntad de Dios ponía sobre sus hombros un fardo con enormes desafíos. Sin partido, equipo ni popularidad, ella debía hacerse cargo del descalabro que dejaba el MAS, cuyo jefe había huido pero no dejaba de amenazar; y debía gobernar una transición en un escenario institucional minado. Ella quiso empezar con la verdad en la mano.
No se sabe si Añez vio que pendía sobre ella la maldición del buen administrador, que cuanto mejor lo hace menos se nota, o si ella aceptó el riesgo dispuesta a inmolarse por la patria. Pero, pensándolo mejor, decidió lucrar del martirio haciéndose candidata. Lo que ella no sabía entonces es que el diablo preparaba la pandemia, y con esto lo difícil se hizo endemoniado.
Van siete meses desde aquel glorioso noviembre y Añez ha tenido ya la oportunidad de mostrarle al país algo más de si, a qué santos reza, qué excesos condona; en juego está la victoria electoral.
Sorprende que alguien con tan poco tiempo de gestión tenga posibilidades de salir elegida. Más que probar sus méritos, esto muestra la debilidad de los otros, pero si no enmienda su gestión, podría igualarlos.
Añez ha tenido logros y fallas; algunas graves. En un afán electoral, hace cosas que no son de un gobierno de transición. Tal vez no se le pueda atribuir directamente hechos de corrupción como la compra de los respiradores, pero los excesos de su Ministro de Gobierno no son de democracia. Mantener a Patricia Hermosa en la cárcel sin audiencia ni juicio es una iniquidad. ¿Por qué igualar al MAS en lo malo?
Entre los errores que no tienen peso económico, pero son indicativos de lo que ella podría hacer con más tiempo, están permitir que un ministro nombre a su hermana consulesa en Miami, dejar que su hija use vuelos de la FAB de manera irregular, crear un puesto a medida para un amigo de la misma, que ha metido la nariz donde no debía.
Al país le costará que haya cedido a la tentación de la candidatura. Con ello le restó a su liderazgo la credibilidad necesaria para enfrentar pandemia y transición. El conflicto de decidir sobre elecciones en las que ella participa se ha puesto en evidencia estos días con la promulgación de la ley electoral. Será criticada haga lo que haga porque su imparcialidad no es creíble.
Pero lo que más daño le hace hoy al país es la deshonestidad de la oposición MAS, Mesa y Covid. El MAS le hace el juego al virus saboteando los esfuerzos de combatirlo y Mesa le hace juego al MAS criticando sin mesura todo lo que hace el Gobierno, sin reconocer las dificultades heredadas, los obstáculos institucionales y el propio saboteo. Tiran piedras y después acusan del daño. Más hacen por derrotar a Añez que evitar muertes.
Con ponerse la banda presidencial nadie adquiere ipso facto la estatura del cargo. El puesto le puede tocar a cualquiera por chiripa, pero el liderazgo hay que demostrarlo. Si Jeanine no lo logra, se pierde la justificación de su candidatura: evitar que vuelvan las ya probadas corrupción o incompetencia. ¡Jesús di!
No dudo de que Añez sea una persona idónea, que llegó ahí por sus méritos y no prometió milagros por ganarse la silla. Le ha tocado una gestión muy compleja y, criticando lo criticable y ansiando lo corregible, antes de condenarla no olvidemos que todo es más difícil con guitarra y mal acompañamiento.



