Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: viernes 26 de junio de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Aunque el Ejecutivo no haya actuado con claridad en este respecto, en algo tiene razón: es posible que desde mediados de agosto se confirme que la crisis sanitaria ocasionada por el Covid-19 no esté resuelta. No se puede saber todavía, pero tampoco se puede descartar, que la situación de la salud esté en un estado tal que haga inviable esos comicios. El Legislativo, y también el TSE y los partidos que lo respaldaron, fallaron por eso al no haber ideado un sistema menos rígido para fijar la fecha. Como hemos dicho ya en este espacio, se pudo haber establecido el primer domingo de septiembre como posibilidad, pero luego, ante cualquier eventualidad, el organismo electoral pudo haber tenido la prerrogativa de hacer algún cambio.
Ahora es el TSE el que debe realizar las gestiones, urgentes y complejas, para dar seguridad a los votantes, jurados y otros participantes de los comicios de que el proceso será seguro. Ello no será nada fácil. Se necesitan, por ejemplo, medidores de temperatura corporal a ser ubicados en los 5.100 recintos de votación del país y los alrededor de 150 en el exterior. Para ello, además, se requiere del personal que haga esa medición a cada uno de los más de 6,5 millones de personas con derecho a voto. Luego, para cada una de las 32.000 mesas de votación se necesitarán frascos de alcohol en gel, señalética clara y funcionarios que se aseguren de que haya distancia física entre los votantes, la obligatoriedad de usar barbijos, etc.
Un desafío muy especial es el de los jurados de mesa, que serán unos 120 mil. Ellos deberán estar toda la jornada en recintos generalmente cerrados y por ello es importante proveerles de las mínimas seguridades. Pero, por ejemplo, adquirir para ellos trajes de bioseguridad es casi imposible. Ni siquiera eso ha podido hacer el gobierno para los médicos que atienden casos de Covid-19 en el país, menos se podrá hacer para 120 mil jurados de mesa. ¿Y entonces, qué?
También tendría que pensarse en qué hacer con los bolígrafos y otros objetos que se tocan cientos de veces durante la jornada de votación, como la hoja guía de votantes, sellos, tampo con tinta, etc. ¿Habrá más de esos productos? También los votos, al contar y recontar, se manipulan muchas veces, y por varias personas. Y se conoce que el virus puede mantenerse en esos artículos.
Son desafíos muy grandes para el país. El TSE debe establecer los parámetros de las medidas de bioseguridad que usará lo antes posible y luego informar sobre ellos de manera amplia y didáctica. Este será uno de los procesos electorales más complejos de la historia de la democracia, tanto por los asuntos de seguridad sanitaria anotados aquí, como por lo que está en juego, entre otras cosas la posibilidad del retorno del autoritarismo del MAS. También existe riesgo de que se produzca una alta abstención. Todo esto, sin mencionar el alto costo de estas medidas.
Esa enorme responsabilidad está sobre los hombros de los siete vocales del TSE y de quienes los acompañan en la organización de estos inéditos comicios. Pero en realidad todos deben comprometerse: los partidos, los medios de comunicación y, al final, los ciudadanos.



