En ese marco es que el gobierno (y el frente político de Luis Fernando Camacho, además de entusiastas y fogosos usuarios de redes sociales) le lanzan bazucazos al organismo electoral. ¿Por qué lo hacen, pese a los riesgos que ello entraña y al hecho de mostrarse como irresponsables? Podríamos especular que a los dos les conviene que los comicios se pospongan. El oficialismo, enredado como está por reyertas y escándalos, debe desear ganar tiempo, a ver si se recupera. Pero tampoco podemos descartar que le preocupe genuinamente la salud de los bolivianos y que por ello le parezca errado hacer elecciones el 6 de septiembre, como decidió la mayoría masista en el Legislativo tras un proceso de negociación con otras fuerzas. Los voceros de Añez acusan al TSE y a Romero de haberse “sumado al MAS” al elegir esa fecha. ¿Y por qué no sugirieron ellos nunca una fecha alterativa? Primero las autoridades se callaron sobre el tema, prometieron aceptar lo que decidieran el TSE y el Legislativo y cuando éstos lo hicieron, lanzaron sus críticas. Nadie los entiende.
Recién esta semana, ¡por fin! después de tres meses de mutismo, Añez pidió que se analice la posibilidad de convocar los comicios para octubre o noviembre. Para que ello se cumpliera, la Presidenta debió haber llamado, hace semanas, con toda solemnidad, a una reunión con las diferentes fuerzas políticas para intentar establecer esa posibilidad (sabiendo, además, que el oficialismo representa una fuerza marginal en el Legislativo). No lo hizo, porque en realidad no desea resolver el asunto, al gobierno le conviene, en esta coyuntura, que la indefinición se profundice. Parece creer, ilusamente, que puede pescar en río revuelto.
En ese sentido, el TSE también hizo mal en poner un candado en la nueva ley que fija los comicios para septiembre. Pudo haber pedido en cambio, como cuarto órgano del Estado que es, alguna opción para tener la posibilidad de cambiar la fecha si ello fuera necesario. Esa flexibilidad hubiera permitido salir del entuerto con más facilidad, en caso de emergencia. Porque si la curva de contagios por el coronavirus sigue alta en agosto, no se podrá celebrar la votación en septiembre. Menudo lío.



