Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: miércoles 24 de junio de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Todas las expresiones al respecto estuvieron centradas en la relación elecciones-pandemia y en los posibles riesgos de que los contagios de Covid-19 se disparen, como efecto de las aglomeraciones propias a los comicios.
Y es comprensible que la pandemia esté en el centro de esas declaraciones, pues la emergencia sanitaria para frenar la propagación del coronavirus, que no deja de crecer cada día, es una circunstancia extraordinaria, y duradera, que afecta a todo el planeta y con mayor intensidad a un país como Bolivia que está en un proceso de restablecimiento de la institucionalidad democrática, después de las fallidas elecciones generales de hace siete meses, cuyo desenlace es el origen de este Gobierno transitorio.
Así, es prácticamente imposible concebir una actividad colectiva que pueda ser ajena a los riesgos y efectos de la pandemia. Y el nutrido intercambio de advertencias, acusaciones y otros reproches acerca de la conveniencia, o no, de llevar a cabo las elecciones en plena emergencia sanitaria bosqueja lo que será la próxima campaña electoral.
Porque es iluso pensar que los rivales del partido de Gobierno, y de la Presidenta-candidata, van a abstenerse de utilizar el inminente desastre sanitario provocado por el nuevo coronavirus para sacar réditos electorales. El imparable avance de la pandemia y las consecuencias de la contracción económica resultante facilitarán las cosas a los contrincantes de Juntos.
Y el Gobierno tendrá que esforzarse para remozar su imagen, deteriorada por los casos de corrupción y los variados tropiezos e ineficiencias en la gestión del Estado. El logro de resultados significativos en la lucha contra el coronavirus y la crisis económica le permitiría capturar el voto ciudadano que ansía, puesto que la evocación del desastre de 14 años de evismo pierde cada día su efecto convocador de simpatías, aunque el oficialismo parece no darse cuenta de ello.
En ese contexto, es claro que –una vez más– la campaña electoral estará marcada por la ausencia de los debates y las propuestas necesarias para (re)construir una Bolivia golpeada por el descalabro institucional, la corrupción, el derroche de recursos y, ahora, la pandemia.



