Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: viernes 19 de junio de 2020
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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Disfrutaba de las luces, el maquillaje, de los cálidos sets de televisión donde, fiel a sus principios, deleitaba la vista con las presentadoras, coqueteaba con las cámaras y flashes que le otorgaban un brillo que no tenía.
Gustaba de las entrevistas pactadas que luego se convertían en largos y tediosos monólogos, sin preguntas ni cuestionamientos y sin derramar una gota de sudor, donde el conductor oficiaba de público. Adoptaba poses, era un ideólogo de bolsillo y un comunista de pasillo.
No tenía química con los números y menos con las cifras, cojeaba con los “kilogramos”, litros y metros y no le era posible sostener una lectura rápida por 30 segundos. Mientras él rozaba la epidermis de la comunicación, los periodistas descubrieron al verdadero trompetista que llevaba dentro; ese sólo hecho provocó que en 2007 identificara a la prensa como enemigo y primer adversario de su gobierno.
Prensa, un poder en sí mismo
El extrompetista no hubiera alcanzado notoriedad si no fuera por los medios de información y periodistas, que durante años amplificaron los conflictos cocaleros del Chapare a las ciudades y hacia el mundo mediante las agencias internacionales.
Los medios cubrieron paso a paso los avances y retrocesos de este movimiento, que ponía a mujeres y niños al frente para resguardar la integridad del líder, que a decir del periodista Rafael Archondo, un Evista arrepentido: “No tiene madera de héroe, es más bien un ‘hualaycho’ un ‘wistu vida’”.
El Juguete Rabioso derramó tinta a montones para mostrar su mejor perfil y catapultarlo como líder de las seis federaciones, que luego le valdría la Presidencia. Archondo lo recuerda en una de sus coberturas: “Fuimos a Coroico y su única obsesión a lo largo de horas era lograr alguna conquista romántica. De humor espeso, ofensivo y sexual”.
En 2014, un “soldado del proceso” se brindó a escribir Mi vida, de Orinoca al Palacio Quemado, un libro autobiográfico, que rescata la infancia del personaje hasta convertirse en Presidente en 2006. Un texto denso de 400 páginas y 28 capítulos que narra periodos imaginarios, no contrastados, en la vida del cocalero.
Me recontra retracto
En febrero de 2010, Félix Patzi sorprendía a Bolivia con la frase: “Perdóname hermano Presidente, tú eres sabio y disciplinado”; un hecho que marcaba su endiosamiento y total distanciamiento de la realidad, la construcción del mito había comenzado.
Luego vino la compra fraudulenta de medios de comunicación, la censura camuflada, el control del trabajo periodístico mediante la pauta publicitaria, el amedrentamiento, la puesta en marcha de la cultura del miedo y, como respuesta, el surgimiento de un periodismo en emergencia.
Febrero de 2016 marca con fuego las relaciones prensa-poder. El periodista Carlos Valverde, con pruebas en mano, denunció tráfico de influencias de la primera dama de facto, Gabriela Zapata, pareja sentimental del Presidente. El delito: la adjudicación irregular de siete contratos a la empresa china CAMC por más de 560 millones de dólares, donde Zapata oficiaba como gerente comercial desde 2012.
Este suceso provocó la ira y posterior revancha del poder, que pagó 50.000 dólares por cada documental del supuesto “Cártel de la mentira”, material destinado a amenazar y ofender, desde el Estado, a periodistas bolivianos.
Luego vendrían los procesos judiciales contra periodistas destacados, como Amalia Pando y Humberto Vacaflor, que tuvieron que desdecirse. “Me retracto, me recontra retracto”, diría Humberto Vacaflor y Amalia haría lo mismo. Un episodio que el poder consideró como victoria.
Sobre este antecedente nefasto de violación a la libertad de prensa, el programa Cabildeo recordó: “Dividió al periodismo entre amigos y enemigos. Entregó beneficios a manos llenas para los amigos y hambruna y persecución para los enemigos. Denigró a periodistas para acallar uno de los casos más grandes de corrupción, los contratos con la china CAMC”.
El extrompetista equivocaba una vez más el camino. El periodismo, a diferencia del poder, no cuantifica sus logros a partir de derrotas o victorias, tampoco mide fuerzas mediante descalificaciones; su única misión es informar con rigurosidad, manteniendo pluralidad en la información.
Sin periodistas no hay periodismo. Informar desde la gente y no desde el poder se ha convertido en una urgencia.



