Medio: La Patria
Fecha de la publicación: martes 16 de junio de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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El ciudadano con su voto posibilita también que su prójimo que denota inclinación por la política, trabaje como servidor público y adquiera derechos para disfrutarlos en la tercera edad, que no es poco, pues constituye una seguridad económica que transfunde tranquilidad y disfrute de merecido descanso.
Por lo expresado, el ciudadano merece una retribución que se concentra únicamente en el premio moral por las acciones buenas, la diligencia en el servicio al ciudadano y en conocimiento pleno de las obligaciones y lo que denota investir la calidad de servidor público, empero, también implica el castigo merecido por las malas acciones que dentro del procedimiento administrativo significa el alejamiento de ese servicio con pérdida de derechos.
El premio moral sigue a la acción buena en el testimonio interno de la buena conciencia, en el honor ético y la buena reputación como servidor público, pero muy particularmente se encuentra en la perfección moral y final del servidor, que no suprime la aspiración de éste a la pura moralidad y al puro cumplimiento del deber.
El propio Immanuel Kant reprocha el afán de recompensa que no comprende el carácter absolutamente ético del fin consistente en la perfección ni el valor decisivo del mundo sentimental humano y la tendencia natural a la felicidad. En síntesis, el premio moral supone el mérito, que lo asigna con su indiscutible aprobación sólo la población a luces de las actuaciones administrativas de los servidores públicos; este merecimiento de recompensa está fundado en la libre realización del bien.
En el ámbito de la educación y en la vida de la comunidad, en la cual los servidores públicos son relevantes, se emplean legítimamente recompensas y distinciones como motivos éticamente justificados. El premio o castigo morales son siempre anunciados por el legislador humano o divino según la creencia, ambos poseen el carácter de sanción, es decir, garantizan la observancia de la ley, imprescindible para la supervivencia de un Estado, al unir las exigencias del bien moral que sobrepujan al individuo, con su verdadera felicidad.
La sanción se dirige por la representación de ese encadenamiento a la voluntad libre, eso hace al bien moral muy atractivo para mujeres y hombres sin hacerlo físicamente necesario. Importante es considerar que en la sanción humana la medida de la retribución no se mide por la malicia pues sólo Dios la juzga, sino por los fines de intimidación y corrección propios del castigo, imprescindibles para el bien común.



