Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: lunes 15 de junio de 2020
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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Bajo esa lógica, también se descartó para la sucesión a otro masista: el presidente de la Cámara de diputados. ¿Qué hubiese ocurrido si uno de los dos asumía la presidencia del Estado Plurinacional? El resultado hubiese sido el mismo. Un desbaratamiento del cuento del golpe.
Primero, sus sucesores ―a regañadientes― tendrían que haber pedido, al pleno de la Asamblea, la aceptación de renuncia de Evo Morales. De ese modo, no podrían haber aducido la tesis del golpe de Estado. Situación ilógica a todas luces: su caudillo no sólo estaría siendo reemplazado por algún miembro de su partido, posibilitando la sucesión democrática; también se hubiese puesto en evidencia frente al mundo que el ‘defenestrado’, irónicamente, salía con la anuencia de su propia Asamblea. Así, tal vez, el drama del exilio ―montado con ayuda de López Obrador― tampoco hubiese sido necesario. Y quién sabe, hasta Evo podría haberse quedado inerme y protegido en su chaco del Chapare.
Segundo, los sucesores de Evo, tendrían que haber anulado las elecciones para convocar a otras. Con el mote mínimo de irregularidades encontradas, lo que ya hubiese significado una victoria para la población movilizada que pedía la renuncia de Evo. En tanto, se hubiesen ratificado las pruebas del fraude electoral ―más adelante― denunciados como irregularidades por el Informe de la Comisión de la OEA.
Tercero, ante el vacío de poder, el plan era que Evo volviese como “héroe redimido”. Con Salvatierra de sucesora, se lo impedía ipso facto. De hecho, se hubiese pacificado al conjunto del país, cuando lo que en verdad se necesitaba, ―para que Morales volviese―, era un país convulsionado. “vietnamizado”, en palabras del entonces ministro de la presidencia. Algo muy del estilo de Hugo Chávez después de su derrocamiento, que duró poco.
Finalmente, lo que desbarató el plan masista del “vacío de poder” ―algo que no supieron prever o leer― fue el artículo 169 de la Constitución, que admite, en su parágrafo II, la sucesión hasta la Vicepresidencia del Senado, ocupado por entonces, por la actual presidente.
En política, los malos cálculos pueden ser fatales. Así, el golpe que se infringió el masismo, en su desesperación, se consagra como un «autogolpe sui generis», poco imaginativo. Hemos de guardar este hecho en la memoria de nuestra historia, para que a futuro esta historia no se repita.



