En los más de 15 años que transcurren, bolivianos y bolivianas somos testigos o víctimas del uso desmedido de la mentira como mecanismo de comunicación con la población de los líderes y las bases del Movimiento Al Socialismo, quienes, dejando de lado las básicas reglas de respeto a la ciudadanía, se han dado a la tarea de verter, muy sueltos de cuerpo, una serie de mentiras a cual más peligrosas para la seguridad y la salud física y mental de las personas que tienen la desdicha de escucharlas. Como ejemplos tenemos los mensajes del jefe máximo Evo Morales negando la existencia del COVID-19, porque el virus sería un invento de “golpistas” y el imperio; que tiene pruebas fehacientes de que la pandemia fue extendida al Trópico de Cochabamba mediante un servicio de catering; que son los militares y policías que introdujeron el contagio porque tienen la misión de aniquilar a los cocaleros o que la Presidenta y su equipo se trasladaron más de 20 veces a Brasil. Estas afirmaciones sin fundamento ni respaldo probatorio alguno, son a su vez recreadas y multiplicadas por sus seguidores/as, al extremo de oponerse a la acción del personal de salud o pretender linchar a periodistas, acusándoles de difundir noticias sobre el virus.
No obstante conocer la mitomanía del líder del MAS, no deja a preocupar el soberano desprecio que este tiene por la inteligencia de todo el pueblo boliviano, desprecio que lo difunde desde la comodidad de su mansión en Buenos Aires muy bien protegido del COVID-19, así como de la acción de la justicia por los ilícitos cometidos en su larga permanencia en la presidencia del país.



