Medio: Nuevo Sur
Fecha de la publicación: sábado 13 de junio de 2020
Categoría: Institucional
Subcategoría: Tribunal Supremo Electoral (TSE)
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Tales afirmaciones de Romero generan además de desconcierto e indignación, demasiadas sospechas respecto a las intenciones y el comportamiento institucional que reflejan, nos quiere convencer de que puede planificar un proceso electoral con adecuadas medidas de bioseguridad, mientras el Ministerio de Salud reconoce que en las circunstancias actuales, no existe forma de frenar la propagación de la enfermedad y en consecuencia se pronostica el colapso del Sistema de Salud en varios departamentos. En ese contexto el acuerdo político de esos vocales y los representantes del M.A.S y Comunidad Ciudadana, no puede justificarse bajo ningún argumento que tenga algo de científico o por lo menos un poco de lógica, sí le creyéramos a Salvador Romero, tendríamos que pedir que lo nombren Ministro de Salud, porque habría descubierto la receta mágica para combatir una enfermedad que causó estragos en el primer mundo y que se expande vertiginosamente por toda Latinoamérica. Al parecer existen urgencias muy puntuales que son prioritarias para algunos, a tal extremo que están dispuestos a pasar por alto los evidentes riesgos que eso conlleva para la vida y la salud de miles de personas, por eso genera tanto recelo lo que está sucediendo, pues los actores centrales de ese drama no pueden alegar ni ignorancia ni dificultades de comprensión, entonces surge una tremenda curiosidad por tratar de entender cuáles son los intereses y la estrategia que hay detrás de ese empecinamiento. Es más sencillo juzgar a ciertos políticos porque finalmente su indolencia y su trayectoria explica sus actitudes, sin embargo lo que es muy difícil de entender es la apuesta que hacen esos vocales, después de todo está en juego su credibilidad, carrera profesional e inclusive su libertad, porque la implicación de esas decisiones en caso de ser desastrosas, podrían tener además de consecuencias administrativas una gravísima connotación criminal. La celebración de Corpus Christi debería haber brindado un interregno de reflexión colectiva, el Evangelio de Lucas señala que cuando Cristo estaba siendo crucificado exclamó: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.”, los centuriones cumplían órdenes y desconocían las circunstancias de la Pasión de Jesús, se puede alegar desconocimiento en este caso, pero no existe imperativo que justifique en el País, tan grosera renuncia del Órgano Electoral a su independencia. Lo único que está claro, es que el Tribunal Supremo Electoral después del fraude bochornoso que se cometió el pasado 20 de octubre, en lugar de reconstruir el prestigio perdido tras su reestructuración, está esforzándose por terminar de sepultar cualquier resabio de institucionalidad y el mínimo de credibilidad que exige arbitrar cualquier elección. Lo que depara el futuro es dudoso, sin embargo más allá de que se realicen las elecciones en esa fecha, lo que es incontrastable es la apuesta política que algunos hicieron, su temeridad es tan extrema que ni siquiera la democracia tiene que ver con eso, lo que está en debate es la vida de muchas personas, por eso tales declaraciones son imperdonables, pues existen derechos y valores, que jamás deberían estar sujetos a criterios arbitrarios, intereses sectarios, riesgos mal calculados y menos al sometimiento de quienes deberían dar ejemplo de imparcialidad.



