Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: miércoles 10 de junio de 2020
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia directa y participativa
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Hoy en día, hemos reducido esta actividad a la mera participación electoral donde se pretendería delegar nuestras responsabilidades ciudadanas a un grupo determinado de representantes, cuya probidad especulamos y exigimos a la vez. Este concepto, el de la democracia, ha atravesado a lo largo de la historia una ingente cantidad de trasformaciones amplificando ciertas características en desmedro de otras, las que se constituían como eje central de la representación. Nuestra incapacidad de dialogar y buscar un circunstancial consenso a partir de la deliberación sería uno de los principales problemas al momento de pretender construir una verdadera democracia.
Erika J. Rivera (EJR): Los procesos de modernización y democratización de las últimas décadas han producido en América Latina y Bolivia un orden social muy complejo que, como tal, muestra elementos de inestabilidad e ingobernabilidad. Debido a esta situación no es conveniente aplicar una teoría maniqueísta, que analice la realidad social contraponiendo a dos fuerzas únicas que mutuamente tratan de destruirse.
En el caso boliviano, la oposición radical entre “pititas” (derecha) versus masistas (izquierda) no es adecuada, porque muy diversos actores han intervenido durante el último tiempo en la política nacional, creando un universo ideológico y político cambiante y difícil de reducir a un solo tipo de explicación interpretativa.
La constelación boliviana actual puede ser vista como una primera reacción, muy vigorosa, contra un régimen autoritario que pensaba perpetuarse en el poder, pero esta corriente estaba constituida por actores plurales sin una coordinación visible entre ellos. El principio común ha sido probablemente un intento de retornar a la democracia pluralista y multipartidaria que existía hasta 2005, con el aditamento de un fuerte factor ético, como ha sido la lucha contra la corrupción y la manipulación gubernamental del aparato judicial y de la administración pública.
DMC: Las nuevas generaciones que pretenden aventurarse en la actividad política se encuentran claramente condicionadas por el fanatismo dogmático que les imponen los diferentes partidos políticos, el espíritu crítico queda al margen de cualquier planteamiento que no se inscriba en las doctrinas al interior de cada partido.
En nuestro medio, actualmente, la lucha entre “pititas,” sector de derecha que habría sido parte de las protestas de noviembre pasado y los masistas, sector de izquierda que tendría una nueva representación electoral para estas elecciones, se enfrasca en una rivalidad de la cual se beneficiarían, de forma inmediata, las viejas castas políticas para que después estos grupos terminen siendo instrumentalizados y terminen, como decía Zavaleta, en “morir como perros para que otros coman como chanchos”.
EJR: Sobre la participación de las nuevas generaciones en política es indispensable, en nuestro contexto, reflexionar acerca de la llamada “revolución de las pititas”, la cual no ha modificado la estructura institucional del Estado boliviano, pero sí ha significado un empoderamiento mayor de grupos urbanos juveniles con una pluralidad de orientaciones ideológicas.
El resultado de todo este proceso es incierto, por lo que se puede afirmar que la coyuntura política contemporánea es altamente volátil. La postergación de las elecciones generales, la irrupción de la pandemia del coronavirus y la consecuente amortiguación de toda actividad política nos impide un análisis exacto de la coyuntura actual.
Las pocas actividades de la Asamblea Legislativa Plurinacional con efectos práctico-políticos nos muestra, precisamente, esa ambivalencia mencionada de la coyuntura actual: por un lado, el Poder Legislativo parece facilitar un entendimiento con otros sectores al aprobar una ley consensuada para las elecciones, pero, al mismo tiempo, este órgano estatal se dedica a obstaculizar irracionalmente una componenda política de largo plazo, como por ejemplo el debate sobre la agricultura transgénica, la situación de la salud pública, la protección del medio ambiente y otros temas neurálgicos.



