Medio: Nuevo Sur
Fecha de la publicación: miércoles 03 de junio de 2020
Categoría: Institucional
Subcategoría: Tribunal Supremo Electoral (TSE)
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A veces el destino de los Pueblos tiene momentos definitorios, es célebre la frase de Julio Cesar cuando señala que la suerte está echada, antes de cruzar el río Rubicón en el norte de Italia, para enfrentarse a Pompeyo y sellar el futuro romano en la batalla de Farsalia. Son momentos en los que se deben tomar decisiones y asumir las consecuencias que aparejan, así también ocurre en otros contextos y en realidades tan complejas como las que tienen países como Bolivia, en ese sentido, el hecho de que el Tribunal Supremo Electoral haya fijado el día seis de septiembre como fecha para las elecciones generales, indudablemente marcó la suerte no solo de esa institución, sino también la de los partidos políticos que están habilitados para participar. El árbitro electoral no debería haber tomado partido, su posición tendría que estar al margen de las presiones políticas y en realidad como Órgano del Estado era la instancia que debía ordenar la situación y dar certezas en este momento tan complejo, sin embargo es evidente que la posición del M.A.S, secundada por Comunidad Ciudadana, es la que explica la asombrosa diligencia que tuvieron los vocales tras semanas de modorra y negligencia. En ese sentido la fecha se estableció y las aguas están separadas, de forma que cada fuerza política también ya tiene una postura y en ese sentido tendrá que asumir las consecuencias políticas de la misma, por un lado el MAS y Comunidad Ciudadana apuestan a elecciones sin que importe la Pandemia y en consecuencia están dispuestos a enfrentar el riesgo, de que finalmente esa ansiedad tenga un costo político muy alto. Por otro lado Juntos, Creemos y Libre 21, marcaron otra posición, plantearon postergar las elecciones hasta que la Pandemia este controlada en el País y sea seguro que la gente vaya a votar el día de las elecciones, en consecuencia la postura del Tribunal Supremo Electoral, no es de consenso y por ello está claro que será finalmente el electorado y la opinión pública quienes juzgarán, no solo la posición de las fuerzas políticas, sino también la de un árbitro electoral que no supo mantener su independencia, ni diferenciarse de las parcialidades que tenía que regir y encaminar dentro del proceso electoral. Las próximas semanas sin duda serán aleccionadoras porque darán tiempo para las reacciones y sabremos cómo va evolucionando la situación sanitaria, de forma que será mucho más sencillo para la gente comprender el trasfondo de los intereses y de las urgencias que se encuentran en disputa, pues aunque haya fecha eso tampoco es garantía de que los comicios puedan celebrarse según lo planificado y que la realidad no vaya a terminar imponiendo una nueva postergación. Es difícil hacer pronósticos, lo que resulta más sencillo es comprender que vienen momentos donde se irán ordenando las prioridades y los problemas del País, algo que no será fácil toda vez que no existe un marco institucional que lo allane, al contrario lo que se necesita es que una vez concluya esta etapa de transición, se defina la clase de sociedad y de instituciones que imperan, pues de lo único que existe certeza es que la democracia todavía languidece y en ese contexto lo que está por venir, tiene que ver con la disputa de algo más que el poder, es el corolario de los esfuerzos por salvar a la democracia o condenarla frente a una tradición autoritaria que se resiste a perecer y a perder terreno.



