Medio: La Patria
Fecha de la publicación: lunes 01 de junio de 2020
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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De momento hay que postergar elecciones, porque corresponde, aunque parezca exagerado, elegir entre la vida y la muerte, enfrentando al enemigo principal el coronavirus, pero también otros virulentos antisociales que alteran la democracia y los derechos ciudadanos.
Contenido
Trabajemos por un pacto solidario.
Cuando se inicia el sexto mes del año, que por supuesto marcará en todas las actividades la mitad de la gestión presente, indudablemente que a todos nos recuerda el hecho de una esperanza quizá no frustrada, pero sí seriamente alterada, por una pandemia que obliga al cambio de planes, retrasando algunos objetivos que pudieran no cumplirse por razones valederas, como el cuidado de la salud de la población y porque en esa alternativa, la función estrictamente política, pasa a segundo plano.
El problema de nuestro país, lamentablemente, es que en el transcurrir de más de una década ha soportado algunos hechos que han puesto en el tapete de la democracia, ciertos elementos reñidos directamente con ese valor constitucional vigente en nuestra Carta Magna é ignorada por ciertos "caudillos politiqueros" que sólo buscaban sacarle mayor provecho a las arcas del Estado, en un afán prorroguista que se develó con el fraude electoral fracasado, que dejó al país una millonaria deuda que alguien deberá pagarla.
Fue un proceso que se movía en algunos centros cívicos del país. Las "pititas" y la decida acción civil, especialmente en Santa Cruz y Potosí, mostraron una realidad a los jefes del oficialismo que no tuvieron más alternativa que huir del país, dejando su renuncia a un parlamento mayoritario, pero que no pudo frenar el paso constitucional de instalar un Gobierno de Transición, con la misión fundamental de convocar a elecciones. Pasos iníciales ya se han cumplido en ese sentido pero difíciles de concretarse frente al enemigo invisible, el coronavirus que contagia a miles de ciudadanos y genera la muerte de varios, en un abierto desafió a las autoridades para establecer centros de emergencia sanitaria que permitan frenar al enemigo sanitario.
La pandemia obligó a la adopción de medidas de extremo control, con declaratoria de cuarentena, en algunos casos el encapsulamiento de regiones y la lógica alteración de actividades con graves perjuicios, precisamente para los sectores más vulnerables y necesitados de nuestra colectividad. Se trata de un virus desconocido pero letal si no se lo combate adecuadamente y con medidas de extrema urgencia en materia de salud, que como se ha ido observando, es el sector con mayores deficiencias que no fueron subsanadas en más de 10 años de un gobierno que dilapidó recursos en otras áreas, que nada tienen que ver con la salud nacional.
No podemos desconocer que desde la llegada del virus, la aplicación urgente de cuarentena y la exigencia de ciertos elementos, en el sistema nacional de salud, fueron las principales y lamentables deficiencias que están siendo subsanadas con un esfuerzo extraordinario en el Gobierno de Transición, que por supuesto no puede, ni debe darle la importancia que reclaman algunos opositores, a la tarea política que se regularizará en la medida que la ciudadanía retome seguridad en el desarrollo de sus labores.
De momento hay que postergar elecciones, porque corresponde, aunque parezca exagerado, elegir entre la vida y la muerte, enfrentando al enemigo principal el coronavirus, pero también otros virulentos antisociales que alteran la democracia y los derechos ciudadanos. Trabajemos por un pacto solidario.
El problema de nuestro país, lamentablemente, es que en el transcurrir de más de una década ha soportado algunos hechos que han puesto en el tapete de la democracia, ciertos elementos reñidos directamente con ese valor constitucional vigente en nuestra Carta Magna é ignorada por ciertos "caudillos politiqueros" que sólo buscaban sacarle mayor provecho a las arcas del Estado, en un afán prorroguista que se develó con el fraude electoral fracasado, que dejó al país una millonaria deuda que alguien deberá pagarla.
Fue un proceso que se movía en algunos centros cívicos del país. Las "pititas" y la decida acción civil, especialmente en Santa Cruz y Potosí, mostraron una realidad a los jefes del oficialismo que no tuvieron más alternativa que huir del país, dejando su renuncia a un parlamento mayoritario, pero que no pudo frenar el paso constitucional de instalar un Gobierno de Transición, con la misión fundamental de convocar a elecciones. Pasos iníciales ya se han cumplido en ese sentido pero difíciles de concretarse frente al enemigo invisible, el coronavirus que contagia a miles de ciudadanos y genera la muerte de varios, en un abierto desafió a las autoridades para establecer centros de emergencia sanitaria que permitan frenar al enemigo sanitario.
La pandemia obligó a la adopción de medidas de extremo control, con declaratoria de cuarentena, en algunos casos el encapsulamiento de regiones y la lógica alteración de actividades con graves perjuicios, precisamente para los sectores más vulnerables y necesitados de nuestra colectividad. Se trata de un virus desconocido pero letal si no se lo combate adecuadamente y con medidas de extrema urgencia en materia de salud, que como se ha ido observando, es el sector con mayores deficiencias que no fueron subsanadas en más de 10 años de un gobierno que dilapidó recursos en otras áreas, que nada tienen que ver con la salud nacional.
No podemos desconocer que desde la llegada del virus, la aplicación urgente de cuarentena y la exigencia de ciertos elementos, en el sistema nacional de salud, fueron las principales y lamentables deficiencias que están siendo subsanadas con un esfuerzo extraordinario en el Gobierno de Transición, que por supuesto no puede, ni debe darle la importancia que reclaman algunos opositores, a la tarea política que se regularizará en la medida que la ciudadanía retome seguridad en el desarrollo de sus labores.
De momento hay que postergar elecciones, porque corresponde, aunque parezca exagerado, elegir entre la vida y la muerte, enfrentando al enemigo principal el coronavirus, pero también otros virulentos antisociales que alteran la democracia y los derechos ciudadanos. Trabajemos por un pacto solidario.



