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Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: sábado 16 de mayo de 2020
Categoría: Conflictos sociales
Subcategoría: Problemas de gobernabilidad
Dirección Web: Visitar Sitio Web
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Una seguidilla de protestas se ha generado los últimos días en diferentes puntos del país, con especial incidencia en el departamento de Cochabamba, en la ciudad de El Alto y en poblaciones cruceñas donde el Movimiento al Socialismo (MAS) pisa fuerte.
Nadie puede negar que en esas protestas exista gente que legítimamente tiene necesidades apremiadas por la vigencia de la cuarentena que ha dejado a una gran parte de los bolivianos sin ingresos, sin embargo, llama la atención que sólo existan manifestaciones allá donde el MAS tiene fortaleza y que, vaya casualidad, una de las demandas sea la realización de las elecciones “lo antes posible”.
Los dirigentes del MAS no han reconocido la convocatoria a estas protestas, pero algunos de ellos se han solidarizado o han mostrado simpatía por las mismas, lo que habla de una coincidencia de intereses. Lo que puede estar pasando es que el MAS se está aprovechando de las apremiantes necesidades de la gente, aunque el Gobierno acusa directamente a los dirigentes del partido de Evo Morales.
En el caso concreto de las protestas en el sur de Cochabamba, ha quedado claro que interés político cuando se logró un preacuerdo con las autoridades locales, pero, cuando estaba a punto de firmarse, los manifestantes exigieron la presencia de los ministros. En las últimas horas, los pobladores agregaron a sus demandas la renuncia de la presidenta Jeanine Añez y rechazaron abirtamente los bonos.
Lo que no están tomando en cuenta el MAS y los dirigentes zonales que promueven estas protestas es que convocar a bloqueos o marchas en plena pandemia del coronavirus constituye una enorme irresponsabilidad que pone en riesgo la vida de los mismos manifestantes.
Las imágenes llegadas desde Cochabamba muestran concentraciones humanas lejos de todo lo recomendable: no hay distancia entre personas, pocos usan barbijo o algunos los usan debajo de la nariz, además se hay aglomeraciones para resistir a la policía.
En esas circunstancias, es probable que se produzcan muchos contagios de los que tendremos que lamentar dentro de un par de semanas, tal como sucedió en España tras la marcha del 8 de marzo, en el día internacional de la mujer.
Por otro lado, estas manifestaciones están provocando daños colaterales. Por ejemplo, en Cochabamba, se cortó el servicio de recojo de basura porque el acceso al botadero de K`ara K´ara fue bloqueado. Y, lo que es peor, en esas circunstancias médicos y enfermeras han sufrido agresiones y hostigamiento.
En el caso de La Paz y El Alto, buses que transportaban personal de salud fueron apedreados en un acto irracional que contradice todo sentido común. Los médicos, en una pandemia con la que estamos enfrentando, son los únicos que pueden salvar vidas y, por tanto, deberían ser tratados con agradecimiento, como ocurre en otros países.
Lo propio ha ocurrido en la ciudad de Cochabamba, donde los bloqueadores atacaron ambulancias y agredieron al personal de salud. En el municipio de Eucaliptus, en Oruro, incluso, han hostigado a los médicos para pedir que revelen los nombres de los pacientes con Covid-19.
Página Siete hizo un recuento y encontró 15 episodios de violencia, intolerancia y discriminación contra los médicos en diferentes puntos del país desde hace dos meses, cuando empezó la crisis sanitaria en Bolivia.
La situación es en extremo delicada porque no hay miras de que las cuarentenas se vayan a flexibilizar, al menos en lo que respecta a la norma, pues en los hechos ya se han flexibilizado. Y, eso marca un escenario de tensión entre aquellos que quieren salir a trabajar, los políticos del MAS que se aprovechan de la situación y el gobierno que está recurriendo a la fuerza para contener la situación.
Desde este espacio hacemos un llamado a los dirigentes políticos a dialogar, a preservar la vida y evitar la confrontación y el riesgo de contagio del coronavirus.



