Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: miércoles 13 de mayo de 2020
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia directa y participativa
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Son voz popular las frases “los políticos no cambian” o “todos los políticos son iguales”. Algo así como epitafios de cualquier intento de hacer política, peor aun cuando se trata de política partidaria y de nuevos actores políticos.
Está inmerso en el imaginario colectivo de las sociedades modernas, al menos en las latinoamericanas, ver a los políticos como un grupo de ciudadanos mal vistos y responsables de las desgracias de la población.
Sin embargo, ¿qué tan cierto es que los políticos sean siempre del mismo tipo? ¿Quiénes son los culpables de que ellos sean elegidos? ¿Dónde queda la responsabilidad de los votantes en todo esto?
Entre todas las posibles respuestas, me atrevo a enunciar una que, por ser incómoda, es obviada por el debate en general: existe una íntima relación, por así decirlo, entre los políticos y los electores. De allí que se puede llegar a una primera conclusión. Si los políticos son todos iguales y no cambian, de alguna manera, debe prevalecer la misma situación en los electores.
De ahí otra frase –menos común que las primeras a la hora de atacar a los políticos– que predica que “cada país tiene el gobierno que merece”. Ello implica una ruptura inevitable en el discurso de la ciudadanía irresponsable, por no decir, hipócrita. Es decir, que si existen políticos indeseables es culpa de una ciudadanía similar, peor aún en un país en el que el voto es obligatorio.
Entonces, ¿se puede esperar una mejor política de sujetos que siguen promoviendo a los mismos políticos? La respuesta es no. No existe, más allá de la coyuntura, un interés por lo político en general. Menos, una voluntad colectiva que promueva una conciencia colectiva de lo político.
Los nuevos analistas políticos, que hoy abundan por doquier, son aquellos criticables desde su ortografía, pasando por su conocimiento de la historia que se limita a unos cuantos documentales, su conocimiento de teoría política que deriva de fugaces lecturas de wikipedia, y finalizando, que es lo peor de todo, con una experiencia en el campo político que se reduce a su participación en alguna que otra marcha para exigir derechos, generalmente a nombre de otros.
Entonces, para dejar de tener a los políticos de siempre, es menester no tener los ciudadanos de siempre, más aún, si estos ciudadanos tienen cada vez mayores oportunidades de expresarse políticamente, pero menos cualificación para hacerlo.
Para este fin último debe dejarse a un lado la ideologización de la realidad, sobre todo, en el campo educativo. Se debe devolver la libertad y la crítica a las aulas para que, antes de tener más ciudadanos que critican lo que son en sus políticos, tengamos más ciudadanos que se critiquen a sí mismos antes de culpar a los políticos que eligen. Partiendo de cómo nos construimos como sociedad, podremos llegar a explicar que debemos partir de cada uno para generar un cambio en la sociedad.
El autor es abogado



