Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: lunes 20 de abril de 2020
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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Por muchos años, más de los que quisiéramos recordar, cada vez que abríamos un diario, nos encontrábamos con un intercambio de palabras entre Evo Morales y el gobierno de turno en Chile. Queja, lamento, exabruptos y pugnacidad eran la música de fondo. Cualquier cosa era vista como un problema cuya única solución pasaba por el mar. La falta de sensibilidad chilena, problemas en el puerto de Arica, en Antofagasta, en fín, Morales necesitaba crear un adversario en el imaginario colectivo, algo que distrajera a su opinión pública de otros problemas: nada mejor que Chile.
Por ello, una de las cosas que más ha llamado la atención desde noviembre de 2019 entre los dos países es que esa era terminó. La salida de Morales, y, sobre todo, la instalación de una Cancillería profesional en Bolivia, con funcionarios entendidos en la materia, ha logrado en meses lo que no se logró en años: que dos países que comparten casi 900 kms de frontera conversen.
La primera gestión se dio en momentos críticos para Bolivia, el bloqueo de caminos de los partidarios del MAS para el tránsito de combustibles hacia Bolivia. En esos momentos, Chile silenciosamente apoyó con lo que era su obligación: colaborar con el libre tránsito de lo más básico que requiere el país para su funcionamiento. A ello se sumaron medidas de la Terminal Portuaria de Arica en el Paso fronterizo Chungará/Tambo Quemado.
Luego, siguieron conversaciones sobre la interconexión óptica y un primer viaje de un alto funcionario de Cancillería chilena a Bolivia acompañado por el organismo a cargo de la fibra óptica. Días atrás Chile adjudicó la construcción de fibra óptica a la empresa WOM, que permitirá dotar de fibra óptica a Visviri y Colchane, dos localidades fronterizas con Bolivia. Un paso gigantesco que busca conectar a Brasil, Paraguay y Bolivia al cable submarino que se construirá entre Chile y Asia.
Luego vino el aviso que se dio desde Santiago por una eventual venida de Evo Morales -ya desde Argentina- a un seminario organizado en Chile. Saltándose todas las vías de lo razonable en calidad de refugiado, el expresidente volvía al país que menospreció durante sus años de mandato. Finalmente, la visita quedó en el olvido.
En marzo, la reunión del Grupo de Reflexión Chile y Bolivia promovida por la Cancillería de Chile debatió sobre las áreas chilenas de interés con Bolivia. Después de varias reuniones y un arduo trabajo de meses, la Dirección de Planificación Estratégica del Edificio Carrera afina los ultimos detalles del documento prospectivo que aspira a ser la primera política exterior chilena hacia este país en la historia, con visión de largo plazo, hecho que, sin duda, permitirá un cambio sustantivo entre ambos países y que se espera sea bien recibido por Bolivia. Un paso más hacia un contacto permanente, respetuoso, colaborativo y de mutuo beneficio, con miradas amplias, y que incluso incorpora sensibilidades de personas con origen boliviano.
Sin embargo, en el marco de un gobierno transitorio y una situación chilena delicada, explotó el Covid 19, que confirmó el nuevo clima imperante entre ambos países. El Covid, no sólo es un virus o un infodemia. Ha sido también una variable determinante para que los países dialoguen.
Al igual que muchos Estados, el Gobierno boliviano cerró sus fronteras para prevenir el ingreso de personas con coronavirus. Atendida la gran inmigración boliviana en Chile, muchos con empleos temporales, Bolivia enfrentó un delicado problema, por las centenas de personas que esperaban poder pasar desde Chile hacia territorio boliviano. La presión fue de tal magnitud, que el alcalde de la nortina localidad de Colchane y el general de zona, aludieron a un tema humanitario.
Fue entonces, cuando la Cancillería chilena y la boliviana comenzaron a hablar del tema con resultados recientes de colaboración extraordinarios: el reconocimiento de la cuarentena de Chile en Bolivia de los primeros albergados en Iquique. Este hecho, sumado a los hechos señalados, corroboran que, en esta pandemia, es cierto que la sociedad civil tiene requerimientos y que ella puede incidir en la toma urgente de decisiones complejas, pero adicionalmente comprueban que Chile y Bolivia pueden dialogar sin enfrentarse en aras del bienestar de sus naciones cuando hay voluntad de diálogo.
Es un hecho que la pandemia es un shock externo que no reconoce fronteras o idiomas, tampoco economías, continentes o muros. Por ello, con el mismo espíritu es que ambas cancillerías están trabajando para dar solución al problema de los casi 1500 bolivianos varados primero en Colchane y ahora, en Iquique y Antofagasta, o en cualquier parte del territorio chileno.
Por lo mismo es que ese mismo espíritu debe mantenerse para buscar fórmulas que permitan que el comercio exterior de Bolivia siga usando los puertos del norte de Chile, minimizando los riesgos de los transportistas bolivianos y de paso, a los trabajadores portuarios chilenos.
La pandemia trajo una oportunidad: el momento de la cooperación eficaz. De ello se han ocupado -y no sólo preocupado- transversalmente en Chile, las Fuerzas Armadas, los alcaldes, la diplomacia: el Estado todo. Un ejemplo de colaboración en materia internacional y una luz para el futuro de las relaciones entre ambos Estados.
Loreto Correa Vera es integrante del Grupo de Reflexión Chile Bolivia del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile.



