Medio: El Día
Fecha de la publicación: domingo 19 de abril de 2020
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Renovación dirigencias
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Desde su llegada al poder, el cocalero asumió una conducta pública que nunca había aflorado en sus años de dirigente sindical, de líder partidario o diputado nacional. Posiblemente siempre fue el mismo cachafaz, desvergonzado, machista y misógino, pero la soberbia que le otorgó el nuevo cargo, hizo que surgiera con toda su fuerza el Evo real, el de las famosas “evadas”, el que daba clases de historia en los púlpitos internacionales y el que mentía descaradamente sin que la prensa se atreviera a retrucar ninguno de sus disparates.
Ese contexto lo llevó a asumir una suerte de doctrina del cinismo que no sólo tuvo como exponente al cocalero, sino a todo el Gobierno y que se tradujo en el discurso, en la cultura política del “proceso de cambio”, en las acciones y hasta en la forma de ejecutar el presupuesto. El paradigma más conocido, “no importa que sea ilegal, yo le meto nomás” se convirtió en la mejor explicación de lo que ocurrió con la justicia, las relaciones con la oposición, el manejo de contratos, las adquisiciones y los gastos públicos.
Con este “soporte ideológico” se consolidó una suerte de doctrina del cinismo que llevó al ex presidente a afirmar con absoluta seriedad que Cuba es una democracia, que construir una canchita de fútbol es tan importante para la salud que un hospital o que instalar agua potable y servicios sanitarios es una extravagancia europea poco valorada en los pueblos de Bolivia, donde prefieren un coliseo o una pista de aterrizaje donde no hay aviones ni pasajeros.
Decimos que todo aquello se convirtió en una doctrina con la que comulgaron personajes aparentemente sensatos como el ex canciller David Choquehuanca, quien afirmó que la coca es mejor que la leche, que las piedras tienen sexo, que los libros no sirven para nada, que los relojes deben leerse al revés o que la papalisa es mejor que el Viagra. No vamos a comentar las intervenciones del falso matemático, quien dijo que el centralismo democrático equivale a no pensar o que la aparición de la luna y el sol dependía de la permanencia del ciudadano de Orinoca que huyó cobardemente.
Pero sí deberíamos destacar el cinismo del actual candidato del MAS y ex ministro de Economía, Luis Arce Catacora, quien figuraba entre los menos toscos del gobierno anterior. Pero el descaro es más contagioso que cualquier virus y prueba de ello es su propuesta de crear una renta universal de 2.000 bolivianos, algo impensable incluso en la época de bonanza que él mismo dilapidó y menos después de haber afirmado que con 100 bolivianos alcanza para cubrir la canasta familiar.
La doctrina del cinismo del MAS llevó al ex presidente a afirmar con absoluta seriedad que Cuba es una democracia, que construir una canchita de fútbol es tan importante para la salud que un hospital o que instalar agua potable y servicios sanitarios es una extravagancia europea poco valorada en los pueblos de Bolivia, donde prefieren un coliseo o una pista de aterrizaje donde no hay aviones ni pasajeros.



