Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: viernes 17 de abril de 2020
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
Entre las variables que determinan la efectividad de la respuesta de los países a la pandemia del coronavirus está la calidad del liderazgo. Los buenos y malos ejemplos que vemos a diario en las noticias lo corroboran.
Uno de los países que se destaca por su éxito en controlar la pandemia es Nueva Zelandia, que tiene nueve (¡sí, 9!) casos mortales en una población de casi cinco millones de personas.
Sin duda otros factores intervienen en la explicación de ese envidiable resultado y como estamos viendo por la evolución en muchos países, nada estará dicho hasta que todo esté dicho. Pero el caso de este país ha dado destaque a su liderazgo, uno de los notables ejemplos de una generación de mujeres jóvenes que logran la primera magistratura de sus naciones por sus propios méritos, a diferencia de otras que lo lograron por el de sus fallecidos esposos.
La historia tiene ejemplos de grandes mujeres al mando de sus países, como Isabel la Católica, Catalina la Grande, la reina Victoria, Indira Ghandi o Margareth Thatcher, quienes, al margen de sus ideas y desempeño, con el que uno puede o no estar de acuerdo, han dejado innegables marcas en el destino de sus países. Pero ellas han sido la excepción en un panorama ampliamente dominado por los hombres.
Esas excepciones no han dejado de suceder, pero en los últimos años parece haber un significativo aumento en el número de mujeres que ocupan los primeros cargos políticos en sus países, y son casi todas jóvenes.
Tenemos al ya mencionado caso de Nueva Zelanda, cuya primera ministra, Jacinda Ardern, tiene 39 años. Están las presidentas o primeras ministras de Finlandia con 34 años, las de Dinamarca con 42, Islandia 44, Bélgica 45, Eslovaquia 46; por mencionar a las de la nueva generación, quienes están al lado de otras que no por no ser tan jóvenes, como es el caso de Taiwan o Grecia, o la presidenta de la Comisión Europea, desmerecen el liderazgo femenino.
Cuando la actual primera ministra de Finlandia fue elegida, no faltó el comentario machista despectivo, pero esto, además de ser vergonzante, es cada vez más una excepción de una generación que se va y no reconoce que el mundo del liderazgo está cambiando de manera irreversible, y para mejor.
Es también interesante notar que todos esos nuevos liderazgos femeninos en Europa vienen de la izquierda del espectro político. Dos de ellas son social demócratas, dos son de partidos ecologistas, una es liberal y una es laborista. Esto no confirma ni desdice la calidad de sus liderazgos, que tendrá que ser demostrado en cancha, al margen de sus tendencias políticas.
En Bolivia, también tenemos una líder joven y mujer, cuyas credenciales algunos cuestionan porque llegó al cargo a través de un proceso excepcional. Si lo llegara a obtener en las próximas elecciones está naturalmente por verse, pero antes de ello, esperemos que demuestre en esta pandemia de lo que es capaz, por las mujeres y por Bolivia.
Por eso es importante no dejar pasar la oportunidad de destacar el rol que muchas mujeres mandatarias están cumpliendo en la actual coyuntura. Además de Bolivia, las mandatarias de Alemania, Dinamarca, Islandia, Nueva Zelanda, Taiwán, Noruega y Finlandia coinciden básicamente en dos medidas: tomar medidas oportunas y aislar adecuadamente a la población.
En los últimos días, medios como la cadena CNN o la revista Forbes aseguraron que las respuestas de las líderes europeas y de Taiwan fueron las “mejores” del mundo frente a la pandemia.
“Las mujeres en puestos de liderazgo están haciendo un trabajo desproporcionadamente grande a la hora de gestionar la pandemia, ¿por qué no hay más?”, pregunta una nota del New York Times.
Considerando menos del 7% de los líderes globales son mujeres, estos nombres y estos resultados merecen ser remarcados y ojalá emulados por gobernantes de otros países.



