Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: jueves 09 de abril de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Lo que estamos viviendo como consecuencia de la pandemia que ataca a los seres humanos en la tierra nuestra y tan maltratada, me recordó una experiencia personal vivida en el Brasil, durante el Campeonato Mundial de Fútbol de 1982. Los 120 millones de brasileños eran técnicos de fútbol.
Algo parecido nos sucede ahora con el coronavirus. Muchos políticos, analistas, dirigentes -en el ejercicio de su derecho constitucional- opinan sobre lo que se debe hacer o no. Se juzga cada una de las decisiones y sobre todo se pone énfasis en lo que debería ser y dejan el cómo a las autoridades.
Lo que debemos tener en cuenta es que vivimos una experiencia nunca enfrentada. El éxito de esta batalla va estar dada por la aplicación de medidas en otros países y por la capacidad de ejecutarlas en nuestra realidad. Un país sin un sistema de salud capaz de atender lo normal, sin el número de personal necesario, sin un centro de emergencia con lo esencial para crisis sanitarias menores que ésta; por supuesto que la respuesta al problema será complicada.
Los motivos de aquello lo sabemos todos y no es necesario enumerar los errores de una gestión pasada que tuvo tanto dinero y no lo supo invertir. Que acabó con la institucionalidad para reinar, hasta que reventó la paciencia con el fraude electoral que llevó a la gestión de Añez que ahora los sembradores de lo que tenemos en salud, en déficit, en deuda externa, la califican de gobierno de facto. ¿Puede ser de facto un gobierno que sólo asume por un vacío de poder, cumpliendo la Constitución? ¿Se puede confiar en alguien que al parecer quiere entrar al poder para socavarlo?
Es cierto que hay errores. Pero todos lo han cometido en el planeta. Porque es algo nuevo y será prueba-error como iremos dando respuestas. Y dentro de la desgracia, una ventaja es que haya llegado primero a las naciones más desarrolladas. Eso nos permite acortar tiempos.
Que hay autoridades que dan la sensación de estar superados por la responsabilidad, es cierto. Que algunos se han excedido en el uso del lenguaje, en el tono, también. Pero hasta ahora fueron más los gritos que marcan una diferencia en una época donde había dinero, una vida normal, y el Ministerio Público y la justicia se usaba para perseguir a los médicos, a los que pensaban diferente. Eso no es una carta blanca. La Presidente podría tomar decisiones en función del bien colectivo.
La cuarentena es dura. Está presente el dilema ético de salvar vidas o salvar la economía. Y la respuesta será dada en su momento adecuado. Creo que debe ser así sin que ello implique que el aparato de comunicación del Estado no deje de dar mensajes positivos que aminoren el stress del encierro. Y en este acápite, los técnicos-políticos deben postergar sus ambiciones porque las elecciones no tienen data. Y su fecha estará tan lejana como la solución médica-económica de esta pandemia. Así debería ser si son sinceros en sus aportes ocultos en la inadecuada pretensión de ganar votos apostando por el aplazo del gobierno, en una coyuntura donde la vida de los bolivianos es lo primero.
Bolivia somos todos, pero en ese todos hay roles que cada uno de los que hacemos la patria, recuerda la patria, debemos cumplir. El gobierno tiene que gobernar y en esa dinámica está en su derecho de escoger a las personas que considere capaces para determinadas tareas. Y si en la práctica no responden cambiarlos sin que ello genere un cisma promovido por las fuerzas políticas. Y para ello la unidad quizás comience en la Asamblea Legislativa con una ley que aparque el calendario electoral. Hoy por hoy los recursos de los bolivianos tienen una sola partida presupuestaria: salvar a la mayor cantidad de bolivianos y luego administrar los efectos económicos.
Necesitamos liderazgos fuertes se dice. ¿Que entendemos cómo fuertes? La fuerza de voluntad de gobernar en estos momentos se demuestra en la toma de decisiones y estas fueron tomadas. Claro, cuando se calla lo positivo y se enumera lo que conviene a un candidato o a ocultar los errores de 14 años o de actitudes pusilánimes, no se sustenta lo retórico con la práctica. Y esto obliga a desviar la atención de lo prioritario.
Y nosotros los ciudadanos de a pie también tenemos nuestra responsabilidad. Ser solidarios, respetar los protocolos, cuidar a los más débiles. Y quienes siempre se negaron a tributar, ahora tienen la oportunidad de repensar su actitud. Con más contribuyentes hubiésemos tenido más dinero para solventar la crisis y la reconstrucción de Bolivia.
No nos olvidemos que miles de bolivianos están trabajando, en el sector público y privado, para que haya los servicios esenciales. Ellos nos hacen la vida más sencilla en una cuarentena que ojalá marque un antes y un después.
Jorge Melgar Rioja es periodista.



