Medio: El Potosí
Fecha de la publicación: domingo 08 de marzo de 2020
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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Se dice que la estructura organizacional de los incas se basaba en la división entre “anan”, los de arriba; y “urin”, los de abajo, y, con ese antecedente histórico, se quiere encontrar explicaciones a la tendencia que tenemos los bolivianos a dividirnos.
Si la división es un rasgo, más claramente perceptible en la política, resulta curioso que un conocido periodista —proscrito por el anterior Gobierno— encuentre que esta no es una debilidad del MAS, sino su fortaleza.
Durante los casi 14 años que estuvo en el poder, el MAS mostró una unidad orgánica monolítica que solo se fracturó cuando se quiso levantar la subvención a los carburantes, pero hasta ese episodio ya se ha perdido en las brumas del pasado. Por lo demás, las disidencias daban lugar a los alejamientos de sus militantes o simpatizantes y, eventualmente, a las expulsiones. La salida más sonada fue la de Filemón Escóbar, porque era el principal ideólogo del partido, mientras que, a nivel colectivo, también fue célebre el surgimiento de los “librepensantes”.
Por ello, pocas veces se había visto una división como la que se evidencia ahora. Pero el periodista de marras lo ve como un factor positivo. “Los militantes y simpatizantes masistas perciben la deliberación pública como una fase de ajuste democrático entre el caudillo que quiere imponer sus deseos y las bases que creen en el imperio moral de la mayoría de la organización”, escribió.
¿Estará viviendo el MAS una “fase de ajuste democrático”? Decir que sí es admitir que ese partido nunca fue democrático y ahora estaría intentando serlo. Y si revisamos cómo eran las cosas bajo el mando de Morales, lo confirmaremos.
El MAS nunca consultó a sus bases y, si lo hizo, fue para darle a sus decisiones una apariencia de decisión colectiva, en el mejor estilo cubano. Tanto se acostumbró a eso que los deseos de Morales de volver a postularse a la presidencia, aun pisoteando la Constitución Política del Estado, fueron justificados por una supuesta decisión popular. Llegó al extremo de decir que él no quería ser candidato, pero el pueblo lo llevaba a postularse nuevamente. Se olvidaba, exprofeso, de que el pueblo le había dicho “No” el 21 de febrero de 2016.
Mientras estaba en el poder era dueño de vidas y haciendas así que no solo podía repartir cargos a gusto y sabor sino hasta entregar regalos, porque eso fueron las tierras con las que el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) dotó a masistas o simpatizantes del MAS que se identificaban como campesinos. Beneficiándose del poder, resultaba contraproducente cuestionar al líder máximo así que nunca se le objetó nada. Por el contrario, se desarrolló todo un culto a su imagen.
Pero las cosas han cambiado y Evo ya no puede repartir pegas ni beneficiar a nadie. Por eso, no es raro que ahora se cuestione su palabra, incluso la que determinó que Luis Arce sea el candidato a la presidencia.
Sin el jefe ejerciendo de benefactor, surgió el “síndrome anan–urin” y ahora tenemos, también, a un MAS dividido, no solo en el congreso sino en diferentes niveles e instancias. No se trata, entonces, de un potenciamiento, a título de democratización, sino todo lo contrario. (R)



