Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: lunes 02 de marzo de 2020
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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Se han fabricado, en ciertos países, versiones política e ideológicamente contaminadas del desenlace de la crisis poselectoral. Se propaló, interesadamente, la idea de que Evo Morales huyó del país a raíz de una revuelta racista o una asonada militar que ponía en riesgo su vida. En la última semana un publicitado análisis de estadísticas ha descartado el fraude registrado en el informe de la OEA.
Determinar si en Bolivia hubo o no un golpe no es algo que corresponde hacer a AMLO, en México, a Nicolás Maduro, en Venezuela, o al kirchnerismo argentino. Tampoco a ningún activista oficiosamente traído de otro país, y mucho menos a la maquinaria propagandística activada sobre todo en redes sociales.
La verdad histórica de lo sucedido en Bolivia es algo que únicamente pueden dilucidar los bolivianos, auténticos testigos y vívidos protagonistas de los acontecimientos de octubre y noviembre de 2019.
Morales renunció ni bien se hizo público el informe de auditoría electoral de la OEA, que confirmó y documentó innumerables adulteraciones, falsificaciones y manipulaciones en el resultado electoral.
Se fue cuando el fraude ya era inocultable, luego de tres semanas de un paro nacional y una movilización ciudadana sin precedentes en la historia reciente.
Quienes insisten en la teoría del golpe pueden fácilmente absolver sus dudas repasando las 50 horas de vacío total de poder que vivió el país, entre las 17:00 del domingo 10 de noviembre, momento en que renuncian el presidente y el vicepresidente, y las 18:50 del martes 12 de noviembre, cuando Jeanine Áñez asume el mando del país.
Fueron dos días en que todas las condiciones para cualquier tentación o aventura golpista estaban dadas.
Pero lo peor nunca pasó. Se impuso la convicción y la madurez democrática. Los actores políticos y las propias Fuerzas Armadas obraron con responsabilidad institucional y observando las formas constitucionales.
Si alguien esperaba que se consumara un golpe, para luego retornar al rescate de la democracia, falló en su cálculo.
Los militares solo salieron de sus cuarteles para contribuir a la restauración del orden y la seguridad interna del país. Y lo hicieron a pedido de la Policía, cuando esta fue rebasada por los grupos violentos y vandálicos que incendiaban, saqueaban y sembraban el pánico en las calles alteñas y paceñas y en otras ciudades del país. ¿Qué boliviano que estuvo en el país podría poner en duda esa evidencia?



