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Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: miércoles 05 de febrero de 2020
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Ejecutivo
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En ese sentido, nuevamente el gobierno de la presidenta Jeanine Añez ha cometido excesos inadmisibles en su manejo de la Fiscalía que, en estos últimos días, ha detenido a tres personas, todas ellas integrantes del MAS, sin cumplir con las normas del debido proceso.
La primera detención fue la de Patricia Hermosa, la apoderada del expresidente Evo Morales. Hermosa fue detenida sin haber tenido previamente una orden de aprehensión y, lo que es peor, sin haber sido investigada con anterioridad. Su único error fue hablar con su exjefe e intentar presentar la candidatura de Evo Morales a una diputación o senaduría.
Ninguna autoridad se ha hecho cargo de ello. La delegada de Morales está ahora en la cárcel de Obrajes, en una detención irregular, acusada de sedición, terrorismo y financiamiento al terrorismo. Según sus allegados, ni siquiera se tomó en cuenta su estado de gestación. Se puede decir que es una detenida política.
Aparte de su caso, el gobierno cometió otra violación al ordenar la detención del exministro César Navarro y del exviceministro Pedro Damián Dorado, ambos refugiados durante meses en la residencia del embajador de México. La Cancillería boliviana decidió entregarles salvoconductos para que salieran del país.
Pero pese a tener ese requisito, con el que se empeña la fe del Estado, y violando los acuerdos internacionales de los cuales Bolivia es suscriptor, se los detuvo cuando estaban en el aeropuerto, acompañados de personal diplomático. La crítica a la medida fue tan generalizada, que el gobierno tuvo que señalar que se había tratado de un problema de “coordinación” y finalmente los liberó y los dejó salir al exterior. Navarro fue además golpeado.
El ministro de Gobierno, Arturo Murillo, algunas de cuyas acciones este diario en el pasado ha reconocido como positivas, ha empezado a cometer fallos inaceptables. Le ha dado al ministerio a su cargo un rol similar a personajes del pasado, que terminaron siendo recordados por sus atropellos, no por sus virtudes.
Todavía está a tiempo por corregir sus maneras irreflexivas.



