Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: martes 04 de febrero de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
La posibilidad de promover un instrumento político unitario, basado en principios y referentes éticos, priorizando los objetivos del pueblo boliviano, queda descartada. Cuando la ciudadanía tenía la leve esperanza de que saliera humo blanco de la susodicha reunión, sólo salió hollín como testimonio de la consciencia negra de los asistentes; los que se escudan en su derecho de ser candidatos, soslayando la aspiración superlativa de un pueblo que no sólo quiere vivir en democracia, sino que pretende se promueva un Gobierno con capacidad para garantizar estabilidad económica, paz social, desarrollo productivo, respeto a los derechos humanos, lucha contra la corrupción, el narcotráfico y otros flagelos que nos acechan.
Después de la acción unitaria emprendida por los sectores más combativos de la sociedad civil, derrotando a la dictadura de Evo Morales, cuando se esperaba una reacción de las fuerzas políticas acorde al proceso de reconstrucción democrática, nos encontramos con las mismas miserias humanas de los anteriores gobernantes: sólo interesa su objetivo de llegar al poder a como diere lugar, bajo cualquier método, vendiendo principios, desdiciéndose de las promesas formuladas hasta hace poco.
La mayoría de ellos prometió no candidatear, porque según ellos era más importante defender la democracia; sin embargo, abierto el espacio, gracias al sacrificio del pueblo, hicieron a un lado su compromiso y ahí los tenemos, involucrados en la competencia de buitres y de ególatras. Importa un carajo la dispersión del voto y la necesidad de consolidar el proceso de reconstrucción democrática, tampoco importa que el mayor beneficio de esta atomización recaiga en los anteriores gobernantes, fieles representantes del narcotráfico, del autoritarismo, la intolerancia, la corrupción en gran escala, además a la vulneración de derechos humanos, flagelos que tienen todas las posibilidades materiales de reconstituirse, con la complicidad de los asistentes al frustrado evento convocado por el Comité Cívico de marras.
Esta novela tiene dos capítulos y dos protagonistas principales:
En la primera parte, el pueblo boliviano que de manera militante desplegó una lucha tenaz, defendiendo inicialmente los resultados del Referendo del 21 de febrero de 2016, luchó contra la re-re postulación del exdictador, interpeló a los vocales lumpen del entonces Tribunal Supremo Electoral, denunció y combatió el fraude hasta lograr la anulación de las elecciones y la convocatoria a nuevos comicios, así como la conformación de un tribunal imparcial y creíble. Todo ello en las calles, con los grupos de resistencia, pititas de por medio. Puso los muertos y heridos y sufrió todas las consecuencias de la violencia promovida por el exdictador.
El segundo capítulo se caracteriza por la emergencia de los políticos oportunistas que, usufructuando el sacrificio del pueblo, ahora, confrontados y divididos, quieren llegar al poder, velando por sus intereses propios para incurrir en similares fechorías que los anteriores gobernantes. Vaya sinvergüenzura.



