Medio: La Patria
Fecha de la publicación: lunes 03 de febrero de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Más o menos, así se entendía el planteamiento de "estructurar" una alianza entre los líderes de los partidos con mayor arraigo en el pueblo y que a la hora de tomar decisiones en defensa de la democracia, los derechos ciudadanos y el desarrollo nacional se asuma por un voto concertado que sea la fiel representación de un electorado que quiere además paz, armonía y seguridad ciudadana.
En los hechos, las cosas toman rumbos diferentes y prevalece el marcado interés de algunos dirigentes que se consideran líderes para reclamar el apoyo de una población que lamentablemente pierde interés en esos fugaces arranques de liderato, sin programa y como aseguran en algunos, sin partido.
Con la ley política vigente, el sentido ético que debe primar en los partidos, propiamente ha desaparecido. Cada quien a su turno y en la circunstancia en que se presenta la promoción de siglas, hay un implícito negocio que tiene precio y compromete el pago de facturas posteriores, por lo mismo la base que antes era sustento de un partido, su posición ideológica, sea cual fuese, ahora es un simple referente que "ni siquiera convoca a sus antiguos militantes". Se ha perdido el sentido de tener partidos con raigambre de principios y con el compromiso de las bases de respetar esas condiciones.
Es difícil que se pueda cumplir algunas promesas, por ejemplo la de nuestra Presidente, cuando asegura que no mezclará "gestión con campaña". Esa instancia fue la mayormente criticada al mandatario renunciante, que además incurría en desaprensivos gastos de los recursos del Estado en su campaña. No es posible considerar viable que dirigentes cívicos unan esfuerzos con otros candidatos y partidos para fortalecer una sola alianza. Cada quien se cree con el derecho de ser presidente y ese "es el remedio que no cura el mal político".
Los partidos de siglas tradicionales han cedido posiciones, los candidatos han transgredido principios y se acomodan a las circunstancias, la militancia de aquellos partidos ha perdido la visión de principios y lo peor es que la nueva corriente política de nuestra juventud, no tiene organización partidaria estructurada que los reciba, los prepare y los convierta en nuevos líderes. Se ha perdido el sentido de hacer política organizadamente, bajo principios e ideales que más convengan a las necesidades y expectativas ciudadanas, lo de ahora responde a un proceso de "política mercantilista".
El tiempo avanza, el calendario electoral no admite modificaciones y por lo mismo corresponde a los más connotados candidatos, jefes políticos y/o a los dirigentes institucionales, asumir el reto de presentar al electorado una opción de salvar el país a través del voto, esto significa elegir entre los mejores al binomio que logre en el tiempo que resta unir criterios y esperanzas. Salgamos de este fenómeno político claroscuro.



