Medio: El Día
Fecha de la publicación: viernes 31 de enero de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Desde que Evo Morales asumió el poder en 2005 hizo su aparición un tipo de voto que ha sido más persistente, denominado “voto duro” y que de acuerdo al cristal con que se lo mire, puede rondar entre el 20 y el 40 por ciento, margen muy amplio y que se puede estirar en la medida en que la oposición no logre consolidar una propuesta capaz de reunir un gran caudal de electores con la capacidad de mover definitivamente el tablero electoral.
En realidad el “voto duro” no es ninguna novedad. Hay numerosos líderes que han sabido atesorarlo al entender que cuando el boliviano vota, no lo hace por más libertad, más democracia, más transparencia o más de todo lo que suelen propalar los políticos en sus discursos. En la política criolla, en la que cada uno jala para su lado, “nadie rasca hacia afuera” y todos buscan su propio interés, funciona la forma más salvaje del capitalismo, donde el voto es un instrumento de transacción para conseguir ventajas, privilegios, exenciones, prebendas, pegas, etc., sin importar el deterioro del contexto general, que tarde o temprano se vuelve adverso para todos, sin discriminación.
Seguramente no habrá otro que le gane a Evo Morales a “volantear dinero” a diestra y siniestra, a comprar conciencias, a pagar muy bien la fidelidad de sectores clave que apuntalaron su poder. Durante los 14 años que estuvo en el poder, generó una nueva burguesía, compuesta por sectores informales e ilegales, por contratistas y contrabandistas, por traficantes de autos y por narcos, pero también por empresarios de muy buen nombre que no son nuevos en esto de acomodarse a las circunstancias.
Por primera vez en mucho tiempo en Bolivia se produjo una movilización que no tuvo una esencia tangible, material o económica. La revolución ocurrida entre octubre y noviembre fue fundamentalmente moral, de gente que se había cansado de la trampa, del engaño, la mentira, el robo, el abuso y todas las lacras que erosionaron la imagen del MAS y sus líderes. Una de las herramientas para lograrlo fue el “voto útil”, que se concentró en un candidato que difícilmente podría repetir esa experiencia.
A diferencia del “voto duro” que concentra el MAS y que podría crecer o achicarse, se corre el riesgo de que el voto por la recuperación de la democracia, que en este momento se ha fragmentado al extremo, que ha caído en contradicciones y que corre el riesgo de caer en la guerra sucia, sea también muy efímero y nos traiga una desagradable ¿noticia? el 3 de mayo.
A diferencia del “voto duro” que concentra el MAS y que podría crecer o achicarse, se corre el riesgo de que el voto por la recuperación de la democracia, que en este momento se ha fragmentado al extremo, que ha caído en contradicciones y que corre el riesgo de caer en la guerra sucia, sea también muy efímero y nos traiga una desagradable ¿noticia? el 3 de mayo.



