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Medio: El Día
Fecha de la publicación: jueves 16 de enero de 2020
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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Venezuela ya libraba una guerra a muerte en calles. Las llamadas ‘milicias armadas’ de Chávez y Maduro, mataban sin el menor escrúpulo y disparaban contra el derecho a la vida de ‘los otros’.
Ahora, el renunciado y huido expresidente de Bolivia, quiere guerra desde el cómodo refugio que le brinda la Argentina ideológica de los Fernández, como él, socialistas del siglo XXI, del Foro de San Pablo o de Puebla. El nombre es lo de menos. Al ‘ex’ no le bastaron las ‘guillotinas judiciales’ con las que reprimió durante casi 14 años a sus enemigos, más que adversarios políticos, económicos, sociales y culturales, vía la politización de la justicia. O judicialización de la política.
Hoy quiere más guerra y la quiere en serio. Lo atestiguan sus últimas declaraciones: “de acá a poco tiempo, si volvería (a Bolivia), o alguien vuelva, hay que organizar como en Venezuela, milicias armadas del pueblo”. Lo dijo a la radio Kawsachum Coca (RKC), propiedad del sindicato cocalero de Chapare –donde se cultiva la hoja de coca, materia prima de la cocaína- de cuya Federación Morales es su presidente hace añadas.
Sus temerarios impulsos ratifican lo que ya se sabía: nunca fue demócrata, aunque se subió al curso de la historia en 2005, como otros, de la mano de un sistema democrático que llevaba más de dos décadas construyendo un Estado de Derecho. Los políticos de entonces, pese a sus falencias, garantizaron libertades civiles y políticas, institucionalidad democrática, respeto a los Derechos Humanos, libertad de prensa. Valores que el régimen de Morales desmanteló con violencia ejercida por él mismo, sus subordinados sindicalistas y operadores represivos, y otros violentos como su ex vicepresidente.
La respuesta de la presidenta constitucional Jeanine Añez ha sido contundente: "Las declaraciones de Morales solo demuestran que la paz, la reconciliación y la democracia nunca fueron opciones para él. Ante la intención de sembrar terror y violencia solo encontrarán al pueblo boliviano unido, y frente a las amenazas, nuestra más profunda vocación democrática”.
Desde su gobierno se señala que el exmandatario vuelve a cometer delitos de incitación pública a delinquir, sedición y terrorismo. “Rechazamos las amenazas de Evo Morales de desestabilización con violencia, terrorismo y muerte, y condenamos esta actitud ante los organismos internacionales de querer convertir a Bolivia en una Venezuela”, señaló el ministro de la presidencia, Yerko Núñez.
Para el viceministro de Régimen Interior, Wilson Santamaría, la convocatoria de Morales constata la existencia de un plan sedicioso. “Son acciones terroristas flagrantes para impulsar la desestabilización en Bolivia”, señaló.
Las últimas declaraciones del vitalicio presidente cocalero podrían agravar su caso, según Israel Alanoca, viceministro del gobierno pues "Ya existe un proceso en curso y un mandamiento de aprehensión por los delitos de sedición, terrorismo y financiamiento al terrorismo en contra de Morales. Lo que haga se sumará al proceso y puede haber incluso agravantes".
Morales tiene tres causas abiertas, admitidas y activas, después de la presentación de las denuncias ante el Ministerio Público, por el asesinato extrajudicial de tres personas, dos de ellas extranjeras, en el hotel Las Américas (16.IV.200). Por terrorismo y sedición, en noviembre de 2019, luego de haber huido de Bolivia, ya desde México, donde instó a cercar las ciudades para evitar que ingresen alimentos y matarlas de hambre, y por usurpación de funciones (XII.19).
Por su parte, la presidenta del Senado, Eva Copa, militante del MAS, partido del ex presidente, califica de inadecuadas las amenazas para organizar milicias. El diputado Lamberto Calani, también de ese partido, aseguró que “el llamado del jefe” es para que los sectores sociales salgan en defensa del “proceso de cambio”. El actual precandidato presidencial por el MAS, el excanciller David Choquehuanca las calificó como “libertad de expresión que no debe ser callada ni perseguida”.
Al MAS, a sus jefes y a su militancia no les importó el precio que pagó la sociedad boliviana por sobrellevar el dictatorial “proceso de cambio” y su obstinación por el poder. Lo sigue demostrando hoy, más allá de algunas personas que facilitaron el actual tránsito constitucional. Aquellos son necios. A esos, no les calza el ‘homo sapienes’.
En Bolivia, la joven revolución ‘pitita’ que cohesionó a todo el país bajo la bandera tricolor, garantiza la unidad de todo su tejido social para defender la libertad conquistada. Para reconstruir el Estado Social de Derecho y encontrar la síntesis en el ideario republicano y autonómico con democracia plural representativa, participativa y redistributiva en las próximas elecciones.



